«Ahí nomás
(10)
Ranma
abrió los ojos sobresaltado. De pronto estaba completamente despierto. Había
tenido de nuevo ese sueño horrible sobre el agua caliente y el corazón le
estaba latiendo a toda velocidad como si viniera de una carrera. Se incorporó
despacio y se pasó una mano por la cara, para borrar los últimos recuerdos de
la pesadilla, entonces se dio cuenta de que Akane no estaba en la habitación.
Hacía
por lo menos una hora que la muchacha había abandonado la cama después de pasar
una noche terrible. Primero tardó siglos en poder dormirse, rememorando todo lo
que había pasado en la noche. No es que quisiera hacer un escándalo del asunto,
pero por primera vez en su vida (que ella recordara, por lo menos) había besado
a una mujer. Claro que era Ranma, y ella lo sabía, pero era un cuerpo de mujer, unos labios de mujer, y no sabía cómo
sentirse con respecto a eso. Se había tranquilizado, pero era su mente la que
insistía en volver una y otra vez sobre lo mismo.
Cuando
por fin pudo cerrar los ojos y perderse en la inconsciencia (luego de maldecir
la capacidad innata de su amadísimo esposo de dormirse como un tronco) el
descanso fue únicamente un engaño momentáneo. Por su mente pasaron un sinfín de
imágenes sin sentido, aisladas, inconexas; escuchaba voces de gente que
conocía, pero a las que no podía ponerles un rostro definido, tampoco escuchaba
lo que le decían y no entendía sus propias respuestas a los comentarios. En
alguna esquina de su mente supo que esos eran recuerdos, que eran cosas que
había vivido e insistían en venir hacia ella, y ella quería que vinieran,
quería poder abrazar esas memorias e inundarse con ellas, pero su esfuerzo y
sus intentos eran inútiles.
Cuando
faltaba poco para que amaneciera se despertó del todo gracias a que su estómago
había decidido unilateralmente comportarse como un lavarropas automático. Tomó
la ropa y salió hacia el pasillo, deseosa de ir a un espacio abierto y poder
tomar un poco de aire.
Estuvo
caminando descalza por la casa silenciosa mientras el sol empezaba a despuntar.
Se sentó un momento en el pasillo exterior frente al estanque, pero no tardó
mucho en levantarse de nuevo, intranquila. Sus pasos la encaminaron finalmente
hacia el dojo. Abrió las puertas de par en par y se sentó sobre la duela con
las manos en el regazo, respirando honda y lentamente una y otra vez.
Fue
así como la encontró Ranma después de mirar en toda la casa. Ya casi renunciaba
a la búsqueda pensando que se había ido a correr como solía hacer, aunque era
bastante más temprano que de costumbre, cuando vio el salón de entrenamiento
abierto. Se asomó por la puerta y observó a la muchacha por largos segundos,
habló cuando supo que ella había percibido su presencia.
—¿Qué
haces? —preguntó.
Akane
se tomó un pequeño momento para responder.
—Nada
—dijo con sinceridad.
Él
también se sentó en el piso, cerca de la puerta, alejado varios pasos de ella.
—¿No
puedes dormir?
Akane
negó con la cabeza.
—Es
que tengo demasiadas cosas en la mente —dijo—. De pronto es como si recordara
algo, pero después... todo se va. Me pregunto por qué me habrá pasado esto
—continuó con preocupación—, ¿y si estoy enferma?
Miró
hacia el muchacho, pero él no la miraba.
—¿Y
si te quisiste olvidar de mí? —preguntó de pronto Ranma.
Ella
arrugó el entrecejo.
—¿Por
qué? ¿Hay algún motivo por el que quiera olvidarme de ti?
—Aunque
lo hubiera... aunque quisieras olvidarte de mí, nunca voy a permitir que me
olvides —sentenció mirando más allá de las puertas abiertas del dojo—. No me
importa que te olvides de los malos momentos, incluso de los buenos, pero no te
vas a olvidar de mí porque si no... ¿qué voy a hacer?
A
Akane le dio muy mala espina ese comentario, estaba demasiado reflexivo y
ensimismado para ser el Ranma de siempre, de pronto se había instalado una
tensión en el ambiente y quería romperla de una vez. Quiso hacer un comentario
gracioso que pudiera picarlo y devolverle al Ranma al que estaba acostumbrada.
—¿Cómo
voy a olvidarme de un muchacho tan varonil como tú? —dijo con una pequeña
sonrisa.
Se
quedó esperando que él hiciera alguna broma, se autohalagara o dijera algo
sobre ella siendo una marimacho tan varonil como él, pero su reacción fue otra.
Su rostro se puso sombrío y giró hacia un lado para que el flequillo le tapara
la cara.
Akane
se quedó desconcertada.
—Sí,
seguro —dijo él con la voz grave—. Soy tan varonil que no puedo embarazar a mi
esposa.
—¿Qu-Qué?
—la cara de la chica se volvió fucsia—. ¿Cómo qué...? ¿Qu-Qué quieres decir
exactamente con...?
Ranma
se quedó quieto sin decir nada mientras Akane se confundía cada vez más
pensando en todas las posibilidades de lo que él había comentado.
—¿Acaso
nosotros...? ¿Acaso no podemos tener... tener hijos?
Le
dolió decir aquello y lo sintió como un peso en la boca del estómago.
—Soy
yo —dijo Ranma, todavía sin mirarla—. Estoy seguro de que soy yo... —de pronto
soltó una corta carcajada sin humor—. No es como si tuviéramos tantas oportunidades de hacerlo, pero...
después de cuatro años ya tendríamos que haber...
—Ranma...
—Akane se movió un poco tratando de acercarse.
—Estoy
seguro que es por la maldición —murmuró—. Eso de estar cambiando de género todo
el tiempo debe traer consecuencias. Es muy irónico que todos esperen que un
fenómeno mitad mujer como yo engendre un heredero para...
—¡Basta!
—Akane gateó hasta él y lo tomó por un hombro obligándolo a mirarla—. Tú no
hablas así. Este no eres tú, ¿qué te pasa?
Se
miraron a los ojos. El azul contra el marrón como tantas otras veces a través
de los años, se escrutaron y después cada uno encontró alivio viendo el color
de siempre en el otro.
—Hoy
tuve esa pesadilla de nuevo —confesó Ranma finalmente.
—¿Cuál?
—Ya
sabes, la del agua caliente.
Akane
se mordió el labio.
—Mmm...
no lo recuerdo. ¿Me lo cuentas?
Ranma
cerró los ojos un momento, casi sonrió. Tomó aire y empezó a hablar.
—Estoy
en el furoba, con agua caliente —Akane asintió—, pero soy una chica. Empiezo a
desesperarme porque no vuelvo a ser hombre aunque el agua está de verdad
caliente. Entonces, en el sueño pienso que ya que el agua caliente no funciona,
tal vez si me mojo con agua fría vuelva
a ser yo; es una tontería, pero eso es lo que se me ocurre en el sueño...
Entonces trato de salir, pero nunca llego al borde de la bañera, es como si
cada vez se agrandara más, el borde para salir se aleja y se aleja, tengo que
empezar a nadar para tratar de alcanzarlo. Es como si estuviera en una gran
piscina de agua caliente... Nado tanto que me empiezan a doler los brazos y...
cuando finalmente llego al borde no tengo fuerzas para salir, los brazos me
pesan como plomo.
Akane
lo miró consternada, notando el sufrimiento que debía pasar desesperado por
tratar de salir y volver a ser hombre.
—Entonces,
cuando ya estoy casi por hundirme de tanto luchar para salir, te veo ahí.
—¿Estoy
en el sueño?
—Sí,
estás parada ahí afuera y sonríes. Pero no me ayudas a salir. No importa
cuántas veces te llame y te pida ayuda, no haces nada, solo te quedas ahí de
pie sonriendo. No me ayudas, no haces nada.
La
muchacha lo miró con los ojos bien abiertos. Terminó con la distancia entre
ellos para abrazarlo. Él se dejó acomodar sobre su pecho y le rodeó la cintura.
—Es
horrible —comentó Akane con un nudo en la garganta—. Ya sabes que yo no haría
eso.
—Lo
sé.
—Yo
te ayudaría. Siempre intento ayudarte. Ranma, ¿qué... ? ¿Qué clases de cosas
piensas para soñar algo así?
—Es
una pesadilla, yo no elijo soñarla —se defendió el muchacho, pero no quiso
cambiar de posición. Iba a quedarse un poco más así entre los brazos de su
esposa, era todo lo que necesitaba ahora, comprendió que esa vez el sueño lo
había alterado un poco más que de costumbre porque ella no le hizo el chiste de
siempre, ese de «lo que significa ese sueño es que me gustas más como chica».
Esta vez parecía que su propia mente se vengaba de él, como si mereciera
aquello.
Estuvieron
en silencio un par de minutos. Ranma se fue serenando de a poco, la cabeza de
Akane, por otra parte, seguía buscando respuestas. Volvió a recordar las
palabras de él, el pensamiento de un hijo la llenaba de una sensación de
calidez y emoción en su corazón, pero al mismo tiempo de un dejo de tristeza y
amargura, tal vez porque era algo que no podían lograr.
Finalmente
la muchacha se aclaró la garganta.
—Todo...
va a estar bien —dijo mientras le acariciaba la cabeza despacio como si fuera
un niño pequeño. No supo si esa frase iba para él o para ella misma.
.
.
.
.
—Tengo
el lugar, mi querido amigo —dijo con emoción Genma, doblándose sobre el tablero
de shogi para hablarle más de cerca al dueño de casa—. ¡Y además a muy buen
precio!
—¿De
verdad? ¿Cómo lo hizo? —se interesó Tendo—. En esta época todos los hostales
están ocupados o reservados desde hace meses.
Genma
movió una mano quitando importancia al asunto.
—El
folleto decía algo sobre habitaciones embrujadas y gente que desaparece
misteriosamente —se encogió de hombros—. Lo importante es que tiene aguas
termales, así que no importa si hay un accidente con agua fría, el Ranma de
siempre estará de vuelta en un santiamén.
—Bien,
bien —asintió Soun—. Cuénteme más —pidió.
—Queda
cerca de Tokyo, así que podremos ir a comprobar si las cosas están yendo como
lo planeamos —replicó el hombre de turbante—. Y si resulta que no, podemos
intervenir.
—¿Disfrazados
como camareros del hotel? —preguntó Soun con ojos brillantes.
—¡Parece
que me leyera la mente, amigo mío!
Ambos
se carcajearon con ganas.
—Me
agrada, me agrada mucho —dijo Tendo—. ¿Cuándo podemos empezar a echar a andar
el plan? Dentro de poco comienzan las rondas preliminares para el torneo de
este año y Ranma representa al dojo...
—Lo
había olvidado —comentó Genma, su rostro se ensombreció un momento.
—Hay
mucho dinero en juego, Saotome.
—Por
supuesto, Tendo —dijo seriamente el otro hombre—. Tendremos que dejarlo para
más adelante.
—Así
es —Soun asintió, con las manos dentro de las mangas de su gi—. Pero todo esto
funciona a nuestro favor. Cuando pase la presión del torneo estarán más
relajados y estoy seguro que en ese viaje...
—Finalmente
concebirán un heredero —completó Genma, hubo un reflejo en los cristales de sus
anteojos.
—Ahora
es usted el que me lee la mente, Saotome —comentó el hombre de bigote sonriendo
y mostrando toda su dentadura.
—No
en vano trabajamos tanto juntos para poder unir las escuelas —replicó Genma con
lágrimas de emoción.
—Que
buen equipo hacemos, Saotome, amigo mío —dijo el otro secundando su llanto.
.
.
.
.
Era
casi media tarde cuando escucharon un potente grito.
—¡Ranma
Saotome!
Kasumi
cruzó por el pasillo exterior de la casa con un bulto de ropa perfectamente
doblada en sus manos.
—Creo
que un amigo viene a visitarlos —comentó y desapareció por un recodo.
Ranma
y Akane, que estaban en la sala, se asomaron hacia el jardín y vieron a Kuno de
pie sobre el muro que rodeaba la casa. Akane lo observó inclinando un poco la
cabeza hacia un costado, traía unos pantalones y una camisa de lo más normal y
no la ropa de kendo que solía usar casi siempre en la escuela. El cabello
estaba más corto y el cuerpo un poco más robusto; el porte de la cabeza y la
postura de guerrero antiguo luchando por causas nobles, sin embargo, se mantenían.
Ranma
suspiró y se llevó el dedo índice a la sien tratando de dominarse.
—¿Se
puede saber qué te ocurre ahora? —preguntó con hartazgo mientras apretaba un
puño.
El
muchacho sobre el muro movió su cabeza en un gracioso gesto que hizo mecer su
cabello con la brisa.
—Tatewaki
Kuno, 23 años. Estudiante avanzado de la Facultad de Economía, mejor conocido
por sus amigos como la centella de la Todai. Hago mi aparición en la morada del
villano Saotome para reclamar la liberación inmediata de la hermosa diosa del
cabello de fuego. ¡No temas mi amada! ¡Pronto podremos estar juntos como es tu
gran deseo!
Saltó
del muro y Akane se preparó para mandarlo a volar de una patada como era su
costumbre, pero Kuno no fue hacia ella, se quedó de pie en el patio,
esgrimiendo la espada de madera, con lágrimas rodando por su rostro.
—Hermosa
Akane, he fallado. El vil hechicero Saotome ha logrado que cedieras ante sus
trampas y ahora te tiene atrapada y temo que es… ¡para siempre! —exclamó
desconsolado.
Akane
frunció el ceño y lo miró aburrida.
—¿De
qué hablas? —preguntó.
—¡No!
¡Por favor, no lo hagas! No supliques o no voy a poder soportar el dolor de mi
corazón partiéndose en pedazos ante esta terrible noticia. Pero te prometo que
haré lo posible por liberar a la hermosa chica de la trenza, que me cautivó
desde el primer momento en que vi sus ojos. Juro que su amor puro e inocente no
será mancillado por el cobarde enemigo de las mujeres —Kuno apretó el agarre en
su espada y miró directamente a Ranma, con el desafío marcado en sus ojos
oscuros—. ¡PREPÁRATE!!!!!
Cargó
contra el otro muchacho con un grito desesperado y lo atacó a una velocidad
impresionante. Akane ahogó una exclamación, este nuevo Kuno había crecido
también en técnica, al parecer había estado entrenando. Pero Ranma lo aventaja
por mucho y esquivaba sus ataques con agilidad, con un cierto alardeo de sus
habilidades.
—Ya
Kuno, déjate de tonterías y lárgate —espetó saltando a un lado y a otro
mientras su trenza marcaba un arco en el aire.
—¡Nunca!
—gritó el kendoka.
Lanzó
otra estocada, pero Ranma ya había dado un salto para quedar a su espalda.
—En
este momento no tengo tiempo para atender tus locuras —comentó.
Kuno
se dio la vuelta hacia la derecha, golpeando con la espada, Ranma se hartó y le
dio una patada en pleno rostro. El muchacho se alejó un poco y se paró
dignamente, con la marca del zapato de Ranma en la cara como una herida de
guerra.
Akane
estaba observando absorta. ¿Adónde querían llegar con todo esto? ¿De verdad
Ranma se estaba luciendo con el tonto de Kuno? ¿Por qué no lo derrotaba de una
vez y lo mandaba a paseo? ¿Por qué esa necesidad de jugar al gran artista
marcial?
—Nada
impedirá que rescate a mi amor. Su llanto estremece mi alma todas las noches y
me pide que la salve de su cruel destino —dijo el kendoka solemnemente, mirando
un instante hacia el firmamento.
—¿Cuál
llanto? —preguntó Ranma incrédulo—. Ni siquiera la has visto, ¿cómo puede ser
que te pidiera semejante tontería?
—Calla,
miserable. Nosotros no necesitamos de la charla mortal, nuestras almas están
unidas y se comunican en un plano ¡extraterrenaaaaaaaal!!!!!! —terminó,
volviendo a atacar.
—¡Idiota!
—gritó Ranma queriendo zanjar el asunto de una vez mientras esquivaba los
ataques—. ¡Ya te dije que a tu pelirroja le gustan las mujeres!
Kuno
se detuvo de repente, mirándolo con nuevas lágrimas. Akane se transformó en
piedra y luego se rompió en pedacitos.
—¡Mentiras!
¡Viles mentiras! —exclamó Kuno.
—Es
la verdad —sentenció Ranma con seriedad—. Le gustan las mujeres. Y no vuelvas
a…
Se
interrumpió, o mejor dicho algo lo interrumpió, un objeto contundente que
impactó contra su cabeza y le dejó un enorme chichón. Mientras se quitaba el
termo de la cabeza le echó una mirada asesina a su esposa, la autora del
lanzamiento de la potente arma.
—¿Qué
haces? —le espetó.
Akane
dio varios pasos hasta llegar al lugar donde los dos hombres estaban de pie,
mirándola atentamente. Kuno abrió los brazos y se abalanzó hacia ella.
—No
pudiste evitar que tus verdaderos sentimientos salieran y te hicieran venir a…
—las últimas palabras se perdieron cuando Akane lo mandó a volar de una patada
por el cielo de Nerima hasta hacerlo desaparecer.
—¡¿Estás
loco?! —exclamó mirando al muchacho de trenza, que había relajado la postura y
se frotaba la cabeza—. ¿Cómo vas a decir algo así?
—Es
la verdad, ¿o no?
—¡No!...
Sí… —ella se puso roja y miró hacia otro lado—. ¡Como sea! Él no entiende… ¡Va
a creer que…!
—Que
crea lo que quiera —replicó Ranma—. De todas formas ya se lo había dicho y sin
embargo siempre vuelve.
—Pensé
que si… —tragó saliva, todavía le costaba decirlo— si nos casamos las cosas
serían un poco más…
Ranma
soltó una carcajada irónica.
—Te
dije que esta seguía siendo una casa de locos, ¿o no te lo dije? —se encogió de
hombros—. Sabíamos que sería así, pero no nos importó.
Se
alejó para entrar nuevamente en la sala. Cuando vio que Akane no lo seguía, se
volteó a mirarla.
—Vamos
—dijo.
—No
vuelvas a decir esas cosas —comentó Akane mirándolo seriamente y empezando a
caminar.
—¿Qué
cosas? —Ranma caminó a su lado.
—¡Ya
sabes!
—¿Qué
a mi mitad femenina le gustan las mujeres? Pero si está bien, es normal.
—Kuno
va a creer que ella es lesbiana —le recriminó Akane.
—Ese
idiota —masculló el muchacho—. Creo que ya lo piensa y eso le dio muchas ideas
pervertidas.
—Es
culpa tuya.
—Solo
quiero que nos deje en paz.
—Bueno,
no lo estás logrando, ¿verdad?
Entraron
a la casa mientras seguían hablando.
—Kuno
sigue estando loco —comentó Akane.
—Por
supuesto.
—Y...
¿qué pasó con Kodachi?
Ranma
se dio vuelta rápidamente y le tapó la boca con una mano mientras con el brazo
la atraía hacia él y después miraba de un lado a otro por el patio de la casa.
Akane se sobresaltó, estaban tan cerca que tuvo que levantar la cabeza para
poder mirarlo a los ojos. Pestañeó confundida.
—Shh...
No la nombres que podría aparecer —murmuró el muchacho.
Akane
luchó para liberarse y por fin Ranma dejó su boca para que pudiera hablar.
—Pero
¿dónde está?
—Estudiando
en los Estados Unidos —respondió él.
Su
esposa frunció el ceño sintiendo unas ganas irrefrenables de agarrarlo de la
trenza y zarandearlo.
—¿Y
qué es lo que esperas exactamente? —preguntó—. ¿Qué se materialice aquí por
arte de magia?
—A
veces aparece de improviso, igual que Kuno —le explicó Ranma con gesto severo—.
Está totalmente chiflada, nunca se sabe qué es lo que puede hacer. Y por
cierto, más de una vez ha pasado eso, la nombramos sin querer por cualquier
motivo y se aparece de repente... con esa risa insoportable...
Ranma
encogió un poco los hombros y sacudió la cabeza, como si pudiera estar oyendo
la escandalosa carcajada de la gimnasta perforándole los tímpanos.
—¡No
se te ocurra volver a mencionarla! —le exigió a su esposa.
Akane
se soltó de su agarre y se alisó el vestido.
—No
me des órdenes —replicó sencillamente, pero no dijo nada más. Ella tampoco
estaba de humor para ver a Kodachi el día de hoy.
. .
.
.
Akane
abrió el cajón de la cómoda y buscó en el fondo el libro que había comprado. Ahora
que Ranma había salido decidió tomar un momento para revisar el libro con mayor
detalle. Se quedó mirando la tapa antes de abrirlo y leer el índice para saber
por el nombre de los capítulos cuál podía tener la respuesta que buscaba. Leyó
varios pasajes, fue hacia atrás y hacia adelante en el libro, pasó hojas
enteras sin mirarlas, hasta que una frase llamó su atención y se quedó leyendo.
«...
Los trastornos disociativos son mecanismos psicológicos de defensa en los que
se inhiben del conocimiento consciente recuerdos, sentimientos y percepciones
asociados a algunas experiencias muy estresantes. Estos trastornos son con
frecuencia precipitados por un estrés abrumador, que puede estar causado por la
experiencia o por la observación de un acontecimiento traumático, un accidente
o un desastre. O bien, una persona
puede experimentar un conflicto interno tan insoportable que su mente es
forzada a separar la información incompatible o inaceptable y los sentimientos
procedentes del pensamiento consciente...»
«...
La Amnesia Disociativa consiste en una alteración de la memoria ocasionada
por un acontecimiento fuertemente estresante como consecuencia del cual se da
una pérdida de datos autobiográficos y
de información personal importante. En este trastorno se produce una alteración
reversible de la memoria que impide al paciente recordar verbalmente
experiencias previas (o que, en el caso de recordarlas temporalmente, no pueden
retenerse por completo en la conciencia)...»
Dejó
el libro abierto sobre el suelo y se quedó pensativa un momento. Finalmente
sonrió con tristeza.
—Que
gracioso —murmuró para ella misma—. Tengo tantas ganas de recordar todo,
pero... ¿y si de verdad fue mi mente la que quiso olvidar?
.
.
.
.
—¡Ran-chan!
—exclamó Ukyo alegre cuando vio a Ranma entrar en su local, salió de detrás de
la barra a recibirlo—. Ven, pasa, pasa. Te estaba esperando.
Ranma
miró a todas partes, nervioso.
—Espera,
aquí no... no podemos...
—No
te preocupes —lo interrumpió Ukyo—, envié a Ryoga por provisiones. Tardará por
lo menos dos días en volver —esbozó una pequeña sonrisa, casi tierna.
—No
pensé que hicieras eso —comentó Ranma sorprendido.
—Supuse
que vendrías a verme —dijo ella mirándolo a los ojos, y eso aclaró todo.
Ranma
se puso más nervioso todavía.
—Cuéntame
todo, ¿cómo fueron las cosas? —preguntó Ukyo con los ojos brillantes de
emoción—. ¿Se lo dijiste?
El
muchacho miró a todas partes menos a la cara de su interlocutora.
—Mm...
nnnnno...
—¿Cómo
que no? Cuando el otro día los vi aquí... Me dijiste que vendrías al local
cuando tuvieras las cosas listas. Esa sería la señal.
—Yo no... —Ranma titubeó—. Ella quería
venir a comer, es solo eso.
—Pero... pensé que estabas preparando el
terreno para contarle todo —replicó Ukyo apesadumbrada.
—No —sentenció él seriamente.
—Pero prometiste que... —empezó ella casi
desesperada.
—¡Yo nunca prometí nada! ¡Nunca te prometí
nada U-chan! Lo supiste desde el principio.
—Con que así son las cosas, ¿eh?... —comentó
decepcionada—. No debes tener secretos con tu esposa, Ran-chan —agregó después en
tono irónico.
—Ya basta, U-chan —pidió el muchacho
mirando hacia otro lado.
—No, voy a continuar. Si no se lo dices
tú, se lo diré yo.
Ranma la miró con el rostro desencajado.
—Quedamos... quedamos en que yo hablaría
con ella y...
—¡Si esperamos por ti pueden pasar cien
años! Y yo no puedo esperar por siempre.
—Pero...
—¿Por qué no puedes hacerlo? —preguntó la
cocinera con tristeza—. ¿Tan poco valor tengo para ti? Cuando tú te casaste con
ella yo lo acepté y...
—Yo te quiero, U-chan —le dijo con
sentimiento—, pero no puedo ahora... ahora es muy complicado y...
—Siempre pones alguna excusa. Tal vez ya
no tendría que creerte.
—¡Dame un poco más de tiempo!
Ukyo lo miró a los ojos y se vio, como
siempre, inundada por su profundidad azul, por el brillo que podía lograr que
ella hiciera cualquier cosa por él. Suspiró.
—Solo un poco más, Ran-chan... un poco más
y le dirás la verdad o hablaré yo.
Ranma esbozó una sonrisa, como esas
seductoras de antaño, y Ukyo supo que de nuevo estaba perdida.


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