«No
importa que el paisaje
cambie
o se rompa
me
alcanza con tus valles
(6)
«No
importa que el paisaje
cambie
o se rompa
me
alcanza con tus valles
Cuando
Akane despertó se dio cuenta, por la luz que entraba en la ventana, que todavía
era bastante temprano. De nuevo sentía que casi no se podía mover porque un
brazo de Ranma la aprisionaba por la cintura, por lo menos ahora no la estaba
usando como almohada humana, pero la sensación era incómoda igual.
Se
removió entre las sábanas para lograr que él al menos moviera el brazo entre
sueños y pudiera levantarlo pero era inútil, mientras ella más se movía él se
removía igual para adaptarse al cambio. Suspiró frustrada apoyada de espaldas
en la cama y tamborileó impaciente con los dedos sobre el colchón, después movió
solo los ojos hacia la izquierda para ver a su «amado esposo» durmiendo
pacíficamente sin perturbaciones.
Por
un momento se vio a ella misma inclinándose hacia él para besarlo.
—Ranma, despierta —le hablaba suavemente—...Vamos,
Ranma, me tengo que levantar... ¡Eres un pesado! —le recriminaba riendo.
¿Cómo?
Akane se quedó estática. ¿Esos eran parte de sus recuerdos también? ¿O se lo
había imaginado así? Volvió a mirar al muchacho y le dio golpecitos en la mano
para que despertara.
—Ranma
—le dijo suavemente—. Ranma, despierta...
Se
le estaba acabando la paciencia y tenía ganas de enviarlo en un vuelo express
hasta Jusenkyo, y no precisamente en avión.
—Déjame
levantarme, por Kami —dijo en tono más firme y eso logró hacerle recobrar un
poco la conciencia al durmiente, que se movió hacia un lado dejándola libre de
su peso—. ¡Era hora!
Akane
saltó de la cama y buscó en los cajones su ropa para ejercitarse.
—¿Qué
haces? —preguntó Ranma somnoliento, apenas abriendo una rendija de los ojos.
—Salgo
a correr —replicó ella de mal talante.
—¿Qué?
—él se pasó una mano por la cara—. Hoy es domingo.
—¿Y
eso qué importa?
Tomó
sus cosas y salió del cuarto sin mirarlo a la cara siquiera. Cuando ya había
salido se arrepintió y volvió, corrió la puerta y asomó la cabeza. Ranma la
observó interrogante desde su misma posición en la cama.
—Por
cierto —dijo un poco avergonzada—, buenos días.
Y
volvió a salir.
Ranma
sonrió con la cara apoyada sobre la almohada y se volvió a dormir.
.
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Fue
un ejercicio revitalizante y agradable. La puso feliz sentir por fin que la
vida volvía a una rutina que ella conocía bien. Se puso de buen humor mientras
corría bajo el sol de la mañana por las calles de siempre, eso le despejó la
mente y la ayudó a pensar.
Ya
no podía obviar el hecho de que algo pasaba con ella, había perdido parte de
sus recuerdos, era eso o estaba en una dimensión paralela donde todo el mundo
era mayor y ella estaba casada. Sentía que los recuerdos volverían a ella de a
poco, a veces le llegaban algunas imágenes y palabras, eso quería decir que la
cosa no era tan grave como había pensado al principio. Había estado asustada
porque el cambio era muy grande, pero después de todo esta era la vida que se
había atrevido a imaginar en esas tardes pacíficas en las que no había prometidas
invadiendo la casa, ni locos rompiendo las paredes.
Decidió
dar lo mejor de sí para seguir adelante y de a poco tratar de averiguar todos
los detalles que había olvidado. Con eso en mente se puso de buen humor y
cuando llegó a la casa tomó un baño relajante que la hizo presentarse en la
mesa del desayuno con ánimos.
—Que
enérgica te ves esta mañana, hermanita —comentó Nabiki con los palillos en
alto.
—¿Eso
crees? —preguntó Akane sonriendo.
—Es
verdad, pareces muy contenta —replicó Kasumi.
—¿Estás
contenta, hija mía? —inquirió inmediatamente el padre de familia muy
interesado.
—Estoy
bien, papá —respondió su hija con tranquilidad.
Ranma
se dedicaba a mirarla de soslayo mientras comía, seguía todos sus movimientos
sin perder detalle.
—Seguramente
pasaste una buena noche —siguió diciendo Nabiki con una sonrisa.
—En
realidad, sí —dijo Akane con naturalidad, sin captar ningún sentido oculto en
las palabras de su hermana.
—A-Akane...
hija... —el labio inferior de Soun Tendo temblaba mientras controlaba las
lágrimas— ¿de verdad?
—Bueno...
sí —la muchacha no entendía por qué el saber que ella había dormido bien resultaba
una noticia tan triste para su padre—. Kasumi, ya que no llegué a tiempo al
desayuno ¿crees que podría ayudarte a preparar el almuerzo?
—Por
supuesto que sí, me encantaría tener un poco de ayuda —respondió alegre la
hermana mayor mientras los demás quedaban azules escuchando la conversación.
—Kasumi...
¿no está la tía Nodoka para ayudarte? —quiso saber Nabiki tragando saliva.
—Hoy
no podrá venir hasta la hora de la comida así que estaré sola —habló Kasumi,
luego miró a Akane—. Me alegra mucho que quieras ayudarme.
Akane
asintió sonriendo y los demás ocupantes de la mesa suspiraron desencantados.
Muy
pronto la chica de cabello corto descubrió que sus esperanzas eran vanas porque
su pericia preparando alimentos no había mejorado lo más mínimo. Después de
salir resoplando de la cocina, se cruzó con Ranma cuando subía las escaleras.
Él
levantó las manos como un escudo cuando ella espetó:
—¡Me
dijiste que había mejorado!
—Pues
para ser tú has mejorado, pero comparada con alguien normal eres un caso
perdido —soltó el muchacho y después quiso morderse la lengua por hablar sin
pensar.
Akane
achicó los ojos con ansias asesinas. Después levantó la cabeza y siguió su
camino.
—Seguiré
cocinando —anunció cuando llegó arriba—. ¡Y tendrás que comerte cada bocado!
Ranma
suspiró, pero sonrió para sus adentros.
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—¿Hay
novedades? —preguntó Genma con rostro serio.
Su
amigo de juventud asintió en silencio.
—Saotome,
¿conoce la vieja norma de que hay que conocer al enemigo y nunca subestimarlo
para poder vencerlo?
—Sí,
sí. Algo muy sabio y de gran utilidad.
—Así
lo creo... Me he dedicado a observar —se acercó un poco a su compañero y habló
en voz baja—, a observar de cerca y con cuidado.
—Muy
bien, Tendo —lo felicitó el otro.
—No
hay buenos augurios. Ellos... —echó una mirada alrededor para confirmar que no
había nadie—. Ellos no están durmiendo en la misma cama —soltó, con cara de
velorio.
—¿Es
verdad? —preguntó Genma con los anteojos empañados.
—Trístemente,
sí —Soun se aguantó las lágrimas como todo un hombre—. Kasumi confirmó que
había un futón en la habitación. Y mi niña aseguró que así pasó una buena
noche.
—Lamentable.
—Tenemos
que tomar medidas drásticas, Saotome. El futuro se está presentando muy negro.
—¡Por
supuesto! Nuestro plan debe ser infalible y demoledor. No puede fallar. Hay que
mantener unidos a esos dos, así sea mediante cuerdas y cadenas —dijo Genma.
—Hay
que hacer que salten a los brazos del otro. Que se den cuenta que no pueden
vivir separados.
—Deberíamos
enviarlos lejos, a un lugar romántico.
—¡Con
aguas termales! —agregó el otro.
—Rodeado
de naturaleza.
—Pacífico
y bello.
—¡Ideal
para el amor! —dijeron los dos al unísono, abrazados.
—El
amor prevalecerá, amigo mío, no lo dude... Claro, haremos nuestros planes
después de cenar —sonrió el de cabello largo.
—Sí,
sí. ¡Faltaba más, Tendo! —rió Genma.
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Ranma
estuvo tranquilo el resto del día, poniendo siempre un ojo en Akane pero
disfrutando simplemente de su agradable compañía. Habían sido días de lo más
raros donde la había sentido distante, casi fría, ni siquiera las bromas que
hacía sobre su aspecto lograban enfurecerla como antes. Y cuando la abrazaba,
aunque ella correspondía el abrazo, no era lo mismo. A veces su mirada estaba
perdida y triste, y lo peor de todo era que si él preguntaba simplemente
sonreía y decía que no pasaba nada. Y había otros momentos en que se quedaba
mirándolo a los ojos como si pudiera verle hasta el alma, de una manera que lo
ponía nervioso. ¿Estaría enferma? ¿Sería un virus?
Pero
esta Akane... volvía a ser ella. Casi la prefería así, sin memoria y sin nada.
Ella volvía a sonrojarse por detalles que a él ya le resultaban normales, sus
ojos volvían a brillar con ímpetu cuando hablaba y le reclamaba algo, y se
enredaba al hablar como tratando de ocultar que le gustaba. ¡Ja! Como si él no
supiera que era irresistible para todas las mujeres, empezando por su esposa.
Ranma
rió abiertamente para luego rascarse la parte de arriba de la cabeza.
Todo
iba bien así, no había de qué preocuparse ¿cierto?
Era
de noche y ya casi todo el mundo estaba acostado. En la cocina, Akane terminaba
de acomodar los platos y se secaba las manos con un trapo mientras Ranma la
observaba.
—¿Qué
pasa? —preguntó curiosa.
—Nada
—respondió él negando con la cabeza.
Ella
se acercó a mirarlo más de cerca.
—Estás
tan concentrado que no pareces tú —comentó la muchacha esbozando una pequeña
sonrisa.
Ranma
se la quedó mirando y estaba por dar un paso para acercarse más a ella cuando
alguien entró.
—Vaya,
¿nada de besos apasionados en la cocina esta vez? —preguntó Nabiki. Chasqueó la
lengua decepcionada.
Akane
y Ranma se separaron un poco, sin saber qué decir.
—¿Qué
haces aquí? —quiso saber la hermana menor, sonrojada.
—Vengo
por un poco de agua —respondió la otra con naturalidad mientras abría el
refrigerador y se servía un vaso.
Los
dos muchachos seguían todos sus movimientos con la vista, esperando que en
cualquier momento hiciera algo.
Nabiki
los observó atentamente mientras bebía. Cuando bajó el vaso dijo:
—¿Saben?
Creo que los admiro un poco... quizás.
—¿En
serio? —preguntó Akane incrédula.
—Bueno...
no sé... Es que pienso que hay que estar realmente loco para casarse tan joven —siguió
pensativa—, piensen que pasarán juntos el
resto de su vida. ¿Qué será eso? ¿Cincuenta... sesenta años más? ¿Se lo
imaginan?
El
joven matrimonio dejó caer los hombros al mismo tiempo.
—Akane,
ya te había dicho que desperdiciabas tu talento, podrías haber hecho una brillante
carrera en la Universidad —continuó Nabiki—. Pero en fin, preferías las artes
marciales y casarte y eso... además, no me imagino a Ranma en la Universidad...
y ustedes dos separados ¡ni hablar! Siempre que estás sin Ranma te pones
demasiado histérica...
—¡¿Cómo?!
—exclamó Akane.
—Y
como no pueden estar el uno sin el otro... Especialmente Ranma. ¡Hay que ver la
cara que pone cuando tiene que viajar a algún lugar sin ti!...
—¡Ya
basta de eso! —exigió el aludido.
—Vamos,
relájense —Nabiki sonrió—. Están muy tensos. Si quieren, por una módica suma
puedo arreglar que pasen algún fin de semana en un lindo hotel ustedes solos.
¿Qué me dicen?
—¡Nabiki!
—Akane no podía creer que estuviera escuchando esas cosas de boca de su
hermana... aunque pensándolo bien, lo extraño era que no lo hubiera dicho en la
mesa, con toda la familia reunida.
La
joven de cabello castaño dejó el vaso sobre la mesa y soltó la risa.
—¡Deberían
ver sus caras! —exclamó divertida—. Creo que a ti te gustó la idea, cuñadito,
¿eh?
Ranma
miró a otro lado cruzándose de brazos.
—Solo
bromeaba. Vamos, Akane, no es para tanto, parece que tuvieras un infarto
—Nabiki movió una mano—. Ustedes son tan divertidos. ¡Es tan fácil hacerlos
entrar en el juego!... Bueno, algo de lo que dije es cierto. En serio admiro
que aún sigan juntos. Cuando el dojo quebró pensé que su matrimonio se acababa.
Se
dio la vuelta y levantó una mano a modo de saludo mientras se iba.
—Nos
vemos.
«¡Maldita
Nabiki! ¿Por qué tuvo que abrir la boca?», pensó Ranma mientras en la cocina solo
se oía el tic-tac del reloj. Observó la espalda tensa de Akane, que se había
quedado quieta en la misma posición, con los puños apretados.
—Rrraaanmaaaaa
—dijo, justamente en ese tono que él detestaba tanto.
—Uh...
¿sí?
—¿Qué
quiso decir con eso de que el dojo quebró?
—Pues...
—¡Habla
ahora mismo!
—Bien,
bien... pero —miró hacia la entrada de la cocina—, aquí no. Vamos.
La
tomó de la mano y la llevó afuera. Antes de que ella supiera lo que hacía ya la
estaba levantando en brazos y saltando hacia el tejado. La dejó allí para
después sentarse a su lado.
—¡Y
tenemos que hablar sobre esa costumbre que tienes de llevarme a la fuerza a
cualquier parte!
—Nunca
te habías quejado antes —replicó él, casi ofendido.
Akane
estaba roja, no se sabía si de vergüenza o de enfado.
—Quiero
saber qué es eso de que el dojo quebró.
—Es
algo que...
—¿Qué
no pensabas decirme? —lo ayudó ella de mal modo.
—Bueno...
—Dijiste
que le dojo era próspero. ¿Cómo ocurrió esto? —exigió saber la muchacha.
—Es
que... —titubeó él sintiendo que el sudor le llenaba la frente.
—¡Dímelo!
—¡Nos
llevábamos mal!, ¿de acuerdo? —estalló—. ¡Nos peleábamos al dar las clases!
Éramos un desastre. ¡Yo era un desastre y tú también! ¿Te parece bien que te lo
diga así?
Como
ella solo lo observaba atónita, continuó.
—¡Fui
un asco! ¡Un fracaso! ¡Los alumnos salían huyendo! ¡¿Te agrada que te lo diga
así?! ¡¿TE AGRADA?! Te lo diré con todas las letras. ¡SOY UN TOTAL FRACASADO!
Terminó
respirando agitado, mirándola con chispas en los ojos.
—¡Basta
de eso! —pidió Akane—. ¿Sabes qué? ¡Sí! ¡Me agrada! ¡Me agrada que no me
mientas! Dime la verdad, Ranma. ¿Piensas que yo esperaba una vida de color de
rosa al casarme contigo? ¡No! ¡No soy la niña boba que tú crees!
—¡No
dije eso!
—Pero
lo piensas.
Se
quedaron observando en silencio, mientras Ranma respiraba agitado dejando ir el
enfado junto con el aliento.
—No
pienso eso —recalcó.
—Explícame
qué ocurrió —pidió Akane tratando de guardar la calma.
—Lo
que te dije —el muchacho se pasó una mano por el pelo—. Todo fue mal y en un
tiempo los pocos alumnos que logramos reunir nos abandonaron. Todo fue un
desastre... Un maldito desastre.
—¿O
sea que me mentiste? Me dijiste que el dojo funcionaba bien —dijo Akane dolida.
—¡No
mentí! El dojo funciona. Pudimos solucionarlo —le aclaró desesperado.
—¿Y
cómo?
Ranma
miró hacia abajo.
—Tenemos
una deuda con Nabiki. Una deuda enorme —reconoció en voz baja, avergonzado—.
Nos prestó dinero para hacer publicidad y tener nuevos alumnos, y para
solventarnos por un tiempo... aún le estamos pagando.
—Oh...
bueno... —la chica suspiró—. No te eches la culpa de eso, yo también tuve que
ver y... bueno, siendo así... No es tan grave, Ranma. En realidad me sorprende
que ella no pidiera otras cosas como pago —comentó haciendo una mueca.
Entonces
Ranma levantó la vista y le dirigió una mirada indescifrable que la puso alerta
instintivamente. Había algo más, lo supo.
—Me
asustas —murmuró Akane.
—Podríamos
haber saldado la deuda antes, es mi culpa —explicó.
—Ella...
¿quería fotografías, verdad? —él asintió—. ¡Ay!... es... Yo sé que odias que te
tome fotos como chica y luego las venda, pero... Ranma —lo tomó de una mano
mientras lo miraba a los ojos—, ¿al menos lo pensaste? ¡Era por el dojo!
—¡Yo
estaba dispuesto! —dijo—. Era repugnante, pero siempre hubo cosas mucho peores...
Pero es que no quería solo fotos mías, quería de los dos... nosotros... ambos
chicas.
—¡¿Qué?!
—gritó Akane espantada—. ¿Haciendo qué?
—En
traje de baño, tomados de la mano o algo así —Ranma se encogió de hombros—.
Dijo que esa clase de cosas se vendían mucho más.
—Uh...
yo... Bueno, no sé qué pensar —confesó Akane—. Me imaginé algo mucho peor... Si
era solo eso... bueno, es... algo muy raro, pero podríamos haberlo hecho,
quizás.
—¡Ni
hablar! Tú no puedes hacer esas cosas.
—¿Por
qué? —preguntó incrédula.
—¡Eres
una mujer casada! —espetó él.
El
aura de Akane se encendió en la noche mientras apretaba los puños con fuerza,
sus ojos brillaron.
—¿Sabes?
No me gusta nada tu tono —expresó con voz mortífera.
—Me
da igual —le dijo cruzándose de brazos—. Esas fotografías nunca se tomarán. Es
mi última palabra.
—¿Y
lo que yo piense no importa? —le recriminó.
—¡No!
¡No lo permití y no lo permitiré!
Akane
lo miró contrariada. ¿Qué significaba esto? No podía ser que Ranma se hubiera
transformado en un déspota autoritario, se negaba a creerlo.
—¿Qué
es lo que pasa? ¿Por qué te molestan tanto esas fotografías? —quiso saber.
Por
un momento se quedó en silencio y ella pensó que no iba a responder, pero
después le dio la espalda y soltó:
—¡No
iba a consentir que unos degenerados babearan por mi esposa! ¡Punto final!
—Ranma...
—no sabía qué decir, se quedó observándolo, con el corazón palpitando
rápidamente en su pecho.
Se
acercó un poco a él y le apoyó suavemente una mano en el hombro. El muchacho
apenas se movió. Akane se quedó así un momento, mientras pensaba adecuadamente
lo que iba a decir.
—Perdón
por hacer un escándalo, es que el dojo es muy importante para mí. En
realidad... me alegra que no tomaras el camino más fácil para resolver las
cosas... y... que me cuidaras. Gracias —dijo nerviosa.
Él se
encogió de hombros como restándole importancia al asunto.
—Tal
vez si no fuera por mí no nos hubiéramos metido en ese lío. Supongo que la
única solución era Nabiki, pero... Bueno —suspiró—, ahora ya es tarde para lamentarse.
Ella tenía razón, deberías haber ido a la Universidad, hubieras conseguido un
tipo mucho más interesante que yo... un mejor partido.
Akane
puso los ojos en blanco sin poder creérselo. No estaba dispuesta a ayudarlo con
la autocompasión.
—¿Más
interesante que tú? —dijo con una risita. Se recostó en el techo y observó la
espalda de Ranma y toda su figura recortada en la noche—. ¿Más interesante que
un chico que se transforma en mujer con el agua fría? ¿Qué tiene un padre que
se transforma en panda? ¿Con una madre que acarrea una katana en la espalda a
toda hora?
—Entiendo
el punto —murmuró el muchacho.
—¿Más
interesante que un chico que tiene terror a los gatos?
—Entendí
—repitió un poco más fuerte.
—¿Con
una cola de prometidas, pero que es demasiado cobarde para besar a una chica?
—¡Oye!
—Ranma se volteó a mirarla de inmediato—. Eso no es verdad.
—Por
lo que yo recuerdo sí —insistió Akane.
—¿Me
estás desafiando a que demuestre lo contrario? —preguntó acomodándose mejor
frente a ella.
—Piensa
lo que quieras.
Akane
no se movió de su posición, de pronto estaba expectante por saber qué pasaría.
Lo observó acercarse un poco más hasta ella y mover una mano hacia su rostro
para apartarle el cabello de la frente. Después le tomó la cara entre las
manos.
Ranma
se inclinó sobre ella, acariciándole las mejillas con los pulgares. Akane
entreabrió los labios por inercia mirándole la boca. De pronto, a pocos
centímetros, el muchacho se detuvo, se hizo un poco hacia atrás y la miró
suspicazmente.
—¿Puedo
besarte? —le preguntó.
—¿Siempre
me pides permiso?
—No,
pero me da la impresión de que si ahora no lo hago vas a golpearme después, y
no quiero. Sobre todo si va a ser con la maldita linterna de piedra del
estanque... Esa realmente duele.
Akane
se aguantó la risa viendo la cara que él ponía, como si ya estuviera sintiendo
el golpe sobre su cabeza.
—No
te voy a golpear —prometió.
—Bien.
Y
desapareció la distancia entre ellos. Akane no podría haberlo descrito de otra
forma, simplemente la inundó, la arrastró como una ola del mar. Mientras él la
besaba no podía pensar, era demasiado consciente de su aroma, su sabor, el
calor de sus labios y de todo su cuerpo. Akane tomó aire pensando que se iba a
morir ahí mismo y Ranma aprovechó ese momento para deslizar su lengua en la
boca de ella y saborearla despacio.
Ni
siquiera se dio cuenta en qué momento cerró los ojos por instinto y subió las
manos para agarrarse a sus antebrazos como si fueran salvavidas. Él se alejó de
a poco y le dio un beso en la mejilla, apoyó una mano en el tejado para
sostenerse y con la otra le acarició la cintura mientras se quedaba respirando
cerca del cuello de su esposa. Suspiró y dibujó una sonrisa que Akane no llegó
a ver.
—Te
extrañaba —le dijo en voz baja.
Akane
abrió los ojos para descubrir el cielo estrellado sobre ellos, era un inmenso
firmamento que parecía envolverlos y agradeció tener la espalda apoyada en el
techo, de lo contrario se habría caído ante tantas sensaciones tan poderosas.
Todavía sentía el corazón como si hubiera estado corriendo una carrera, la
adrenalina le bombeaba en las venas y no podía pronunciar palabra.
Ranma
levantó la cabeza y se dedicó a observar el brillo de las estrellas reflejado
en los ojos de la mujer que amaba.
—¿Y
bien? —preguntó un poco después.
—¿Qué?
—ella pestañeó sin apartar la mirada de las estrellas.
—¿Te
ayudó a recordar algo?
¿Cómo
se suponía que eso la podía ayudar a recordar si le había nublado todos los
sentidos? Fue espectacular, pero inútil para esos propósitos.
—Nada.
—Ya
veo —la chica no pudo observar su rostro oculto por las sombras de la noche—.
Me esforcé bastante, ¿sabes?
Parecía
un niño enfurruñado. Akane sintió que el corazón se le desbordaba de ternura,
lo amó con más intensidad en ese instante, si es que eso era posible, y tuvo
ganas de reír de felicidad. «Por Kami, en mi otra vida seguramente hice algo
realmente bueno para que me recompensaran así. No puede ser que esto esté
pasando».
—Bueno,
pero tú nunca te rindes. Puedes seguir intentando —le dijo sonriendo.
Ranma
ocultó la risa apoyándose en el hombro de ella.
—Ven,
vamos a la cama —dijo después mientras se sentaba.
—¿Eh?
—Akane sintió que se le encogía el estómago de nervios—. No... no creo que...
«¡Diablos!
¿Y ahora qué hago?». No podían pasar de los besos a eso tan rápido. No podía asimilarlo así, necesitaba tiempo,
acostumbrarse, ¡tenía que preguntarle tantas cosas todavía! Además, le gustaría
que por lo menos la besara algunas veces más, si siempre se esforzaba así...
—No
es para la que tú crees, pervertida —dijo Ranma mostrando una sonrisa—. Hablo
de ir a dormir, es tarde y mañana hay clases.
—Ah...
yo...
—¿Siempre
tienes eso en la cabeza, no? —siguió burlándose de ella.
—¡No
es cierto!... es... solo...
Mientras
ella trataba de poner excusas, Ranma la levantó y bajó de un salto hasta el
patio. En cuanto la dejó en el suelo, Akane se alejó y entró en la casa, caminó
en la oscuridad con la cara como una antorcha. Sintió que él la seguía mientras
subía la escalera, le apoyó suavemente la mano en la espalda cuando caminaban
por el pasillo hasta llegar a la habitación. Eso la ponía nerviosa, la
desconcertaba que siempre estuviera tocándola de alguna manera.
Él
cerró la puerta mientras ella sacaba el pijama de un cajón.
—No
lo haríamos aquí, ¿sabes? —comentó Ranma. La casa estaba tan silenciosa que
apenas tuvo que levantar la voz para que ella lo escuchara.
—¿Qué
dices? —se concentró en su tarea para no tener que mirarlo a la cara.
—Tú
me entiendes... —el muchacho miró hacia otro lado y se sonrojó con sus
recuerdos—. Una vez nos sorprendieron y decidimos nunca más hacerlo aquí...
mientras hubiera alguien.
A
Akane se le puso el pelo de punta.
—¿Nos...
nos sorprendieron... —el ojo se le saltaba en un tic involuntario— nos
sorprendieron mientras... mientras hacíamos... ?
Sintió
que la cabeza le explotaba como una olla a presión de la vergüenza. «Está
decidido, nunca más voy a salir de este cuarto a partir de hoy».
—No
mientras lo hacíamos —aclaró—. Estábamos...
bueno, tú me quitabas la ropa.
—¡¿YO?!
—Shhhh,
nos van a oír —Ranma se mordió la lengua para no reírse. En realidad era
mentira, se estaban besando y él le había subido la falda cuando a Happosai se
le ocurrió (como siempre) entrar al cuarto sin llamar y en un segundo había
gritos, flash de cámaras fotográficas, un panda dando ánimos con un cartel y
todo el mundo asomado a la puerta, mientras ellos estaban congelados en la
misma posición por el shock. A partir de ahí habían prometido solemnemente
nunca más intentar nada con la casa llena de gente.
—¡Pero...!
¡Pero...! —a Akane se le habían olvidado todas las palabras, solo podía
farfullar cosas sin sentido.
—Tranquila,
eso pasó hace mucho tiempo —le explicó tomándola por los hombros para que se
serenara.
—Ah...
mmm... entonces...
«¡Kami!
¡Parezco idiota!»
—¿O
sea que no... ? Es decir... mmm...
«Este
no es mi día después de todo», pensó suspirando cansada.
—No
te preocupes —la tranquilizó, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no soltar
una carcajada. Le explicaría los detalles después, ella había tenido suficiente
por hoy.
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