Fanart de すめい en pixiv
De China, con amor
Shampoo
desplegó los labios en una sonrisa deslumbrante y dio varias vueltas por el
restaurante vacío, tarareando alguna canción en su lengua natal y acariciando
con una mano el collar de perlas que pendía de su cuello.
Cologne
saltó por encima de la barra parándose sobre su bastón.
—¿Estás
contenta, nieta? —preguntó con una sonrisa sabia.
—¡Bisabuela!
Ranma ser hombre perfecto: luchador fuerte, inteligente, guapo y novio amoroso.
Dejará excelente descendencia y Shampoo será envidia de la aldea —respondió la
chica en su maltrecho japonés. Los ojos le chispeaban, agregando más hermosura
a su rostro joven y terso—. Shampoo feliz, ¡muy feliz!
—Me
alegro mucho —asintió satisfecha Cologne—. Muy pronto Ranma será tu legítimo
esposo, como siempre debió ser, y podremos volver a China.
—Sí,
Shampoo será esposa más feliz de la tierra —la amazona juntó las manos y miró
hacia arriba sonriendo, ya imaginando su próxima boda—. Qué bueno que bisabuela
recordar vieja poción milenaria, ser gran idea para ganar amor de Ranma.
—No
pensaba utilizarla, Shampoo, se trata de un hechizo muy poderoso que, dadas las
circunstancias, puede volverse contra nosotras en cualquier momento —replicó
preocupada la vieja mujer—. El yerno es un muchacho difícil, no hay manera de
hacerlo cumplir con las leyes amazonas. La única forma de atraerlo y mantenerlo
interesado es si hay en juego una nueva técnica de lucha o una cura para la
maldición... o de esta forma: contra su voluntad.
—No,
no, bisabuela. Ranma amar a Shampoo, Shampoo saber. Poción solo revelar
verdaderos sentimientos con franqueza, poción desinhibir a esposo para poder
demostrar su pasión.
Cologne
agitó la cabeza.
—Recuerda
muy bien que debes actuar con cautela. La poción hará que venga hacia ti, hará
que busque saciar la sed que su instinto le marca, será sencillo si lo hacemos
bien y con inteligencia, pero no hay que confiarse. Debes dejar que él se
acerque, pero no por eso debes perderlo de vista —la mujer suspiró—. Hasta que
no se finalice el hechizo no voy a estar tranquila. Y de eso debes encargarte
tú —sentenció y fijó la vista en su bisnieta.
—Esta
noche tendré cita con Ranma —respondió Shampoo a la pregunta no formulada. Se
acomodó el cabello de forma coqueta—. Él pedir salir con Shampoo, incluso
regalar collar como muestra de amor —indicó señalando las perlas que adornaban
su cuello y escote—. Nada poder salir mal. Esta noche Ranma ser mío para
siempre.
Suspiró
con satisfacción y después esbozó una lenta sonrisa. Sus labios se curvaron
hacia la izquierda, sus ojos brillaron de manera distinta, con una lujuria que fue
visible incluso para la figura que la observaba desde las sombras en un recodo
del restaurante vacío.
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—¡Presta
atención, Ranma! —ordenó Genma Saotome.
Dirigió
una patada contra la cabeza del muchacho que él esquivó casi de casualidad
mientras se daba la vuelta, al parecer con la mente en otra parte. Genma probó
de nuevo, poniéndose frente a él y soltando una lluvia de puñetazos a gran
velocidad; más de la mitad impactaron en el rostro del chico, que cayó al
suelo.
—¿Ah?
—Ranma pestañeó y se sobó una mejilla, pero casi en seguida miró el techo
sonriendo tontamente.
—¡Flojo!
¿Se puede saber en qué estás pensando? —se quejó el hombre. Con el muchacho en
las nubes el entrenamiento era un fiasco que no servía para nada, ni siquiera
como ejercicio.
—En
Shampoo —respondió Ranma sin inmutarse ni cambiar la cara de bobo que miraba la
luna.
—¿En
quién? —insistió Genma.
—Es
que... es tan hermosa —comentó Ranma como quien decía una cosa obvia—. Hoy
saldré con ella —anunció mirando la pared.
—¿Cómo? —susurró para sí
Akane con todos sus sentidos alerta.
Tenía
una razón para estar escuchando a un lado de la puerta abierta del dojo, claro
que sí. Lo que ocurría era que Ranma había estado raro desde el día anterior. Muy
nervioso, había ido a pedirle dinero prestado, y eso a la chica se le hacía muy
sospechoso, por lo que estaba intentaba recabar información. Ahora, de repente,
se enteraba de esto, ¿todo tenía que ver con Shampoo? ¿De nuevo lo había
engatusado?, ¿otra supuesta cura milagrosa para la maldición? Ojalá esta vez
fuera verdad por lo menos, suspiró.
—Le
compré un obsequio —siguió diciendo Ranma todo lleno de sonrisas—, solo pude
conseguir 5000 yens, pero fue suficiente para un pequeño adorno. Es que lo vi y
pude imaginar lo bien que se vería en ella, en su blanca piel... Sus ojos
resaltan mejor —suspiró—. Es tan linda.
El
cabello de Akane se crispó. ¡¿Para eso eran los 5000 yenes que le había pedido
prestados?! Se sintió humillada, burlada, en su interior bulleron los celos, la
rabia, la decepción. Había creído que de verdad necesitaba el dinero, él insistió
varias veces sobre la importancia de poder conseguir esa suma, del hecho de que
era algo «urgente». Y ella había sido una estúpida, no solo le prestó los yenes
si no que se preocupó por su situación creyendo que estaba metido en algo gordo
y peligroso. Sintió pena, incluso pensó que Ranma estaba tratando de saldar
alguna vieja deuda de su padre que, para variar, había caído sobre él como su
heredero. Llegó a imaginar que estaba tras una nueva pista para curarse de la
maldición. Pero esto. ¡Esto! No podía imaginárselo siquiera. ¡La embaucó para
comprarle una chuchería a esa gata insoportable!
—¡¿Todo
para comprarle un regalito a tu novia?! —estalló entrando de pronto a la duela
y lanzándole las palabras como dagas de hielo—. ¡Ranma, te odio! ¡NUNCA VOY A
PERDONARTE!
—¿Mi
novia? —inquirió el muchacho, con tal desconcierto que por un segundo Akane
recobró la esperanza de que todo fuera
una broma de mal gusto—. No, no es mi novia. Es la mujer de mi vida, mi gran y
único amor. Mi futura esposa. Mi todo —sonrió con los ojos brillando—. Ningún
regalo que pudiera comprarle sería suficiente para igualar su belleza, su
elegancia y su fina estirpe, pero tenía que darle una muestra de mi amor.
Espero que en el futuro pueda aceptar también como ofrenda todo mi ser, mi
cuerpo y mi alma para amarla por toda la eternidad.
Los
ojos de Genma casi se salían de las órbitas escuchando tantas boberías salir de
la boca de su progenie.
Akane
se horrorizó, estaba impactada de ver a Ranma actuando como una copia barata de
Kuno. Se encontró temblando, de rabia o de miedo, o de las ganas de llorar
contenidas.
—¡Eres
un idiota! —levantó los puños dispuesta a golpearlo y descargar así su
desasosiego, pero su tío se adelantó tomando al embobado muchacho por los
hombros.
—¡Espabila!
—ordenó dándole varias bofetadas en ambas mejillas—. Déjate de idioteces...
¿Cómo puedes decir tantas tonterías enfrente de tu prometida? —lo rodeó con un
brazo por el cuello y lo apretó con ganas.
Ranma
tosió poniéndose azul.
—Es...
¡cof! ¡cof!... estoy... enamorado... —logró articular.
—¡Idiota!
¡Imbécil! ¡No quiero volver a verte! —gritó Akane con todas sus fuerzas
saliendo a grandes pasos del dojo, haciendo temblar las maderas; no sin antes
regalarle al chico, como despedida, una serie de duros golpes por todo el
cuerpo.
—Muchacho
tonto —rabió Genma—. Si tanto quieres enamorarte, enamórate de Akane como
corresponde. Somos invitados aquí y tu deber es respetar la casa y encargarte
de heredar el dojo.
—No
me interesa, mi destino es estar con Shampoo. ¡Debo verla! ¡Debo verla ahora
mismo! —gritó de pronto, escapando hacia la puerta.
Sin
embargo, su padre se metió en su camino con agilidad inusitada.
No
podía dejar que esto pasara, con Ranma como prometido de Akane él tenía el
futuro asegurado y podría vivir sin hacer nada, pacíficamente como un
patriarca, como la voz sabia de la experiencia, y sería respetado por las
nuevas generaciones de la familia. Pero si su hijo elegía a la muchacha china,
¿cuál sería el porvenir? Las amazonas no tomaban en cuenta el poderío viril,
solo se convertiría en la mascota de la aldea.
—Hijo,
hago esto por tu felicidad —aseguró Genma con solemnidad y firmeza.
—Ninguno
de tus sucios trucos podrá detenerme —replicó Ranma dando algunos pasos hacia
atrás y planeando una estrategia de huida—. No podrás alejarme de Shampoo. Es
mi deber estar con ella.
Genma
dio un paso. Ranma se contuvo en una posición de defensa, arrugando los ojos,
atento a cada movimiento.
—Lo
lamento, esto va a doler —explicó el hombre mayor, casi que una lágrima se
escapaba de uno de sus ojos—, pero te aseguro que me dolerá más a mí que a ti.
—¿Qué
planeas ha...?
—¡La
cuna del infierno!
—No...
¡No! ¡Shampoo, mi amor!
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Shampoo
terminaba de limpiar la última mesa para poder tomar un descanso y prepararse
para su cita con Ranma. Se mordió el labio despacio y después se pasó la lengua
por ellos, recreándose en el recuerdo. Ahora ella sabía, ahora ella conocía el
verdadero sabor de sus besos, no creía que hubiera besado de esa manera a
ninguna otra mujer nunca. Seguro que a la mojigata de Tendo no. Ella sí iba a
darle todo, porque vivía para él y estaba dispuesta a cualquier cosa. Sería su
noche.
En
su rostro se formó una pequeña sonrisa de anticipación, que se borró de
inmediato cuando descubrió a Mousse frente a ella.
—¿Qué
querer? —preguntó aburrida.
—Shampoo,
reacciona —pidió el muchacho hablando en chino—. Esto es una locura, tiene que
terminar.
—No
sé de qué hablar —dijo ella indiferente, insistiendo en su pobre japonés.
Mousse
apretó los dientes y alargó una mano.
—Dame
el collar —dijo de pronto en tono autoritario.
Shampoo
se quedó estática de la sorpresa cuando las manos de él retiraron el collar de
su cuello a la fuerza, y no pudo hacer nada cuando Mousse lo arrojó al suelo y
lo pisó. Frente a los ojos de la amazona, lo que ella atesoraba como un collar
de perlas que había ganado su corazón por venir de la persona que más amaba, se
transformó en simples trozos de vidrio pintado.
—¡Tonto
Mousse! —chilló Shampoo observando el desastre en el suelo—. ¿Qué buscar con
esto? —se quejó furiosa.
—¿No
lo entiendes, Shampoo? ¡Este regalo es una baratija, una falsedad, igual que el
amor que puede darte Saotome!
—Pato
tonto no saber nada —Shampoo se cruzó de brazos y miró a otro lado—. Ranma amar
Shampoo. Destino de Ranma ser casarse con Shampoo, leyes amazonas decirlo.
—¡Maldición!
Deja de decir tonterías. ¡Y habla en chino! —gritó Mousse tomándola de los
hombros y sacudiéndola—. Deja de lado las leyes y piensa en lo que vas a hacer.
Ella
lo miró con frialdad.
—¿Qué
crees que haces? —preguntó en su lengua natal.
—Te
protejo —respondió el chico—, te protejo de cometer el peor de los errores.
—Solo
estás interfiriendo —dijo desdeñosa y se zafó de su agarre.
—Lo
que planeas es terrible. Saotome no te quiere, solo serás infeliz y harás
desgraciadas a muchas personas.
Shampoo
entrecerró los ojos.
—¿No
será que tienes miedo, Mousse? —preguntó después en tono triunfal—. ¿Temes que
el hechizo funcione? ¿Qué Ranma me ame de verdad y yo sea feliz? Voy a ser
feliz y no te necesito para eso, Mousse. ¡Entiéndelo! Yo no te quiero, nunca me
casaré contigo —cada palabra lograba clavarse en el corazón del chico con
increíble precisión—. Tienes que dejarme ir. ¡Termina con tu fantasía ahora
mismo!
Mousse
apretó los labios y se dio la vuelta. Hurgó en el interior de la manga
izquierda de su túnica y sacó una bolsita. Cuando levantó la cabeza un reflejo
cruzó por los cristales de sus anteojos y en un rápido paso estuvo delante de
Shampoo y sopló delicadamente unos polvos frente a su rostro. Ella los respiró
directamente cuando inhaló aire sorprendida, cerró los ojos y cayó desvanecida
en el acto. Mousse bajó la amplia manga con la que se cubría la nariz para
evitar que los polvos también lo afectaran y la recibió en sus brazos. La
apretó un momento contra su pecho y besó los cabellos disfrutando su fragancia.
—Lo
siento, Shampoo, pero tú debes ser mía. Es el destino. Nadie te ama más que yo
—susurró despacio.
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Akane
se sobresaltó con el golpe en la puerta de su cuarto. Sorbió por la nariz
varias veces y se limpió las lágrimas con las manos.
—¿Quién
es? —preguntó sin ánimo de ver a nadie.
—Akane,
ábreme. Necesito tu ayuda —se escuchó con urgencia la voz de Genma.
—¿Tío?
¿Qué ocurre? —preguntó preocupada cuando abrió la puerta.
—Ven
conmigo —Genma le pasó el brazo por los hombros y la sacó de la habitación—.
Necesito que cuides a Ranma mientras voy a buscar a Tofu. Esto puede ser muy
grave, no está en sus cabales —explicó mientras caminaba.
—¡No
me interesa Ranma ni nadie! Que se vaya con su querida Shampoo, por lo que me
importa —quiso darse la vuelta y volver a su cuarto, pero Genma la detuvo con
fuerza.
—No,
Akane, esto es gravísimo. Puede ser terrible para mi fut... es decir... ¡para
el futuro de Ranma! —aclaró en seguida—. No está cuerdo, no sabe lo que dice.
¡Podría cometer una locura!
—Pues
yo lo vi muy seguro de todo lo que decía —refutó la chica con dolor.
—¡Está
mal! ¿Cuándo lo has escuchado decir tantas tonterías juntas? —Akane alzó una
ceja a modo de respuesta y Genma resopló—. Él nunca diría todas esas cosas a
una mujer ¡no tiene agallas! Es tímido, tonto, bruto, nada romántico ni amable,
no sabe disfrutar la compañía femenina. Además es un bocazas, un bobo, un...
Akane
lo miró incrédula y Genma creyó que ya era tiempo de parar.
—Lo
que quiero decir es... ¡esto debe ser un hechizo! —exclamó triunfal el hombre
levantando el dedo índice.
—¿Un
hechizo? —meditó Akane un momento—. Quizá... Él estaba raro ayer... y hoy no lo
vi en toda la mañana... Ta vez Shampoo...
—¡Exacto,
exacto! —Genma apretó un poco más la mano sobre su hombro y la hizo detenerse
frente a la habitación que él compartía con su hijo—. Es muy probable que las
amazonas estén involucradas. Ahora iré a buscar al doctor y tú te quedarás con
Ranma —sonrió de oreja a oreja.
—Pero...
—No
te preocupes, es verdad que no estaba muy contento con la situación, pero no es
peligroso —Genma movió una mano quitándole importancia al asunto.
—¿Y
eso qué quiere decir exactamente?
—No
hay nada que temer —aseguró Genma. Abrió la puerta del cuarto y la dejó observar
el bulto en el centro del piso. Akane vio el cuerpo de Ranma rodeado de cuerdas
bien apretadas desde los hombros hasta los tobillos, tanto que lo hacían
parecer un carrete de hilo. El muchacho daba la impresión de estar tomando una
siesta, tenía los ojos cerrados y la trenza descansaba graciosamente al costado
de su cabeza.
—¿Qué
le pasó?
—Técnica
especial Saotome —respondió brevemente el hombre de pañuelo acomodándose los
anteojos—. Está inconsciente y así se quedará por un buen rato, no hay de qué
preocuparse. Échale un ojo hasta que vuelva.
—Pero
es que...
—No
podemos dejar al pobrecito de Ranma así, ¿verdad? —indicó poniendo cara de niño
bueno, tratando de enternecerla.
—Pero,
¿por qué yo?
—Es
que no hay nadie más en casa. ¡Ahí nos vemos! —Genma desapareció por el recodo
de la escalera.
Al
salir de la casa se le ocurrió que no había ninguna prisa en buscar a Tofu. Era
mejor dejar que Akane cuidara a Ranma como una prometida afectuosa y
preocupada, eso los acercaría más.
Se
ajustó el cinturón de su gi y salió silbando tranquilamente calle abajo.
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Mousse
sonrió sintiendo que Shampoo se removía en sus brazos. Le apartó delicadamente
los cabellos de la cara y la observó abrir los ojos, disfrutando de cada leve
movimiento de las pestañas y cada mueca de su boca.
—Hola,
Shampoo —saludó el muchacho con dulzura.
—¿Mousse?
—la chica pestañeó para aclarar la visión. Miró alrededor sin reconocer dónde
se encontraba e intentó levantarse, pero se sentía sin fuerzas y la cabeza le
pesaba como si tuviera un casco de hierro—. ¿Qué pasó?
—Es
un campamento improvisado —explicó Mousse —, estamos en las afueras de Nerima,
más tarde seguiremos viaje, hasta que no nos alejemos lo suficiente de la
ciudad no podré tranquilizarme. Por ahora no debes preocuparte, yo cuidaré de
ti. Al menos por esta noche.
Luego,
mirando su confundido e inocente rostro solo pudo sonreír.
—Creí
que a los niños abandonados los ponían en una canasta con una carta frente a la
puerta, pero tú no eres un bebé ni tienes una carta que explique nada... aún
así te veo tan confundida como uno de esos pequeños.
Shampoo frunció el entrecejo y lo miró con
preocupación.
—¿De
qué hablas? Estás loco, Mousse —dijo despacio, incorporándose un poco y
apoyándose en los codos.
—Siempre
fuiste así para mí —dijo el muchacho—, a pesar de ser tan fuerte y tan habilidosa,
siempre te veía como una niña, la niña que yo conocí, siempre tuve el impulso
de protegerte. Y ahora debo protegerte incluso de ti misma.
—¿Qué
fue lo que hiciste? —preguntó Shampoo preocupada, tragando saliva.
—Nada
malo, descuida. Unos polvos de Cologne me ayudaron a dormirte, eso es todo —la
miró un momento—. Es por tu bien —afirmó y se quedó callado. Shampoo fruncía la
boca como si no supiera cómo quejarse o por dónde empezar.
—Para
este momento el hechizo es inservible —agregó el chico.
Los
ojos de Shampoo relampaguearon y se sentó en el saco de dormir, aguantando el
mareo y la pesadez en la cabeza que quería obligarla a echarse de nuevo.
—¿Qué
dijiste?
—Las
escuché hablar, Shampoo, a ti y a la vieja momia. Ya sé cómo funciona el
hechizo, por eso te traje aquí y te alejé de Saotome. Ahora él debe estar con
Akane Tendo, o eso espero por lo menos, porque es la mujer que ama
verdaderamente.
Shampoo
cerró los ojos, aprisionando las lágrimas de rabia y desesperación, pensando en
las palabras de su bisabuela.
—Recuerda, Shampoo, es muy importante que tengan
contacto íntimo lo antes posible y así el hechizo se selle para siempre. Y no
te apartes de su lado, la química de la poción hará que toda su pasión se
dirija a ti, pero si no te ve por un tiempo largo, si no estás cerca, entonces
comenzará a desear a cualquier otra mujer que haga reaccionar a su cuerpo. Por
lo mismo, Shampoo, no permitas que lo toque el agua fría porque podría arruinar
todo. El cuerpo femenino rechazaría inmediatamente el conjuro y todo nuestro
trabajo sería inútil. Por favor, no olvides nada de esto, si algo sale mal
podrías acarrearte el odio de Ranma. Todo esto es muy delicado. ¿Estás
dispuesta, Shampoo? ¿Vas a arriesgarte?
—¿Cómo
pudiste? —quiso saber la chica, sorprendida, sintiendo el peso de la derrota
sobre ella. El plan era perfecto y estaba a un paso de conseguirlo—. ¿Por qué?
¡¿Por qué?!
—Porque
te amo y no voy a perderte por él —respondió Mousse con claridad—. Quiero que
seas feliz.
—¡Solo
seré feliz con Ranma! ¡Ya déjame en paz! No te quiero a ti. ¡No te quiero!
—Tal vez es cierto y yo no podría hacerte
feliz... ¡pero él tampoco! Es solo una ilusión, estás encaprichada con él,
entiéndelo por favor. Solo quiero lo mejor para ti.
—¿Ah,
sí? ¿Yo estoy encaprichada? —Shampoo sonrió con perversidad—. ¿Y tú qué? Tú
estás ciego y no te das cuenta que nunca te voy a corresponder, eres igual. Por
lo menos yo tengo oportunidad con Ranma, soy hermosa, fuerte, tengo muchas
cualidades; pero tú nunca me podrás gustar, nunca estarás a la altura, nunca
serás fuerte.
Mousse
agachó la cabeza y apretó la bolsita con los polvos en un puño, cuando Shampoo
comenzó a levantarse furiosa para salir de allí volvió a utilizarlos. Esta vez
acomodó la cabeza de ella en su regazo y la observó por un largo momento
mientras la abrazaba contra sí.
—Ya
lo verás, Shampoo, seré digno de ti —susurró—. Me curaré de la maldición,
entrenaré duro y me volveré fuerte, no podrás rechazarme —acarició con dedos
suaves su rostro, se detuvo un momento en los labios, tocándolos con la punta
de los dedos—. No puedes entregarle tu cuerpo a él de esa manera, como si no
importara, parece que hubieras olvidado tu honor de guerrera... Yo sé que en
realidad no quieres a Saotome, que es solo por las leyes de la aldea. Te estoy
brindando una oportunidad, te estoy dando la posibilidad de elegir por ti
misma, pero no puedes darte cuenta todavía porque estás enojada. Lo entiendo,
no te culpo, Shampoo.
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Akane
observó un momento más a su prometido y luego cerró la puerta despacio,
procurando no hacer ningún ruido. No iba a pasar todo el tiempo velándolo como
si fuera un niño, volvió a su propia habitación decidiendo que lo que fuera que
le pasaba a Ranma, se lo tenía bien merecido por siempre caer en los trucos de
la amazona como un idiota.
Se
tiró en la cama y abrazó con fuerza uno de los almohadones, deseando que P-chan
estuviera con ella ese día para poder desahogar en él todos los pensamientos
que en ese momento le llenaban la cabeza.
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.
Ranma
abrió los ojos de par en par con una extraña determinación en su mente.
Rodó
a un lado y a otro por el piso pero era inútil zafarse de las cuerdas, si había
una cosa que su padre sabía hacer bien eran los amarres y ahora la cuerda
estaba tan apretada que sentía que la circulación se iba deteniendo de a poco,
y los brazos y las piernas se le volvían de plomo. Sin embargo, había una
fuerza mucho mayor que lo impulsaba a seguir, en su mente no había espacio para
otros pensamientos, solo el nombre de Akane se abría paso, dando luz en un
túnel oscuro.
Akane.
Su
corazón latía apresurado, el cuerpo entero se le inflamaba ante el recuerdo de
los hermosos ojos de su prometida, de las formas y el peso del cuerpo de ella
en sus brazos; su sonrisa, su voz llamándolo. El pecho se le inflaba de
orgullo, ella era suya, la mujer destinada a casarse con él y nadie nunca más
podría tocarla. Sus labios siempre iban a pronunciar su nombre, la mano de ella siempre iba a estar en la suya, tocándolo a él. No iba a permitir lo contrario.
El
no poder estar con ella en ese momento lo volvía loco, necesitaba verla,
sentirla. Forcejeó un poco más intentando liberarse, pero fue en vano, solo
pudo gritar el nombre de ella para desahogarse.
.
.
Estaban esquivando una pelotita... Pero a Akane no le
interesaba el juego en absoluto, solo una de las personas que participaba en
él. Era Ranma y no estaba vestido con sus habituales ropas chinas si no con una
extraña túnica con aberturas laterales que le recordaba a la ropa de Mousse. Estaba
con varias chicas ¡jugando y riendo como un niño! No era su habitual sonrisa,
era simplemente feliz.
El grupo de jugadores se alejaron riendo y por un
instante a ella le pareció que Ranma se hacía borroso a sus ojos, como si de un
momento a otro fuera a desaparecer. Pero la visión se aclaró de nuevo y pudo
ver todo mucho más cerca, Ranma dio un par de pasos y tomó la mano de una
mujer, Akane tardó en reconocerla, su rostro no fue visible de inmediato, pero
al final pudo distinguir a Shampoo. La amazona aceptó el abrazo masculino y
devolvió la sonrisa que él le ofrecía.
Akane, confundida por la situación, gritó su nombre, lo
llamó, pero él la miró como si no la conociera y no le prestó atención. Miró de
nuevo a Shampoo, a la mujer que abrazaba y miraba con adoración. Sus labios
casi tocaban los de ella...
Akane
despertó sobresaltada. Miró alrededor y percibió el conocido entorno de su
habitación, el escritorio, la silla y cada uno de los adornos en las paredes.
Casi lloró de alivio al comprobar que todo fue un sueño, podía sentir cómo el
corazón todavía dolía por esa pesadilla, por el rechazo de Ranma, por ver que
no la necesitaba a ella para ser feliz. Porque él sonreía auténticamente feliz, ella nunca lo había visto con esa expresión,
pero podía adivinar que era de verdadera dicha, no había duda.
De
pronto escuchó un grito llamándola y reconoció la voz de él. Estaba
desesperado, la necesitaba. ¿Qué había ocurrido durante el tiempo que durmió?
Corrió
hasta la habitación de su prometido y abrió la puerta de un tirón. Ranma estaba
en el suelo, retorciéndose como una lombriz fuera de la tierra.
—¿Qué
pasa, Ranma? ¡¿Qué tienes?!
—¡Akane,
Akane! ¿Dónde estabas? —demandó saber—. ¿Por qué te fuiste? Necesito que estés
aquí… Necesito… —forcejeó otro rato con las ataduras, llegando a lastimarse la
piel de las muñecas—… ¡desátame! ¡Desátame ahora!
La
muchacha se quedó quieta por un momento ante la dureza del pedido.
—No
puedo, Ranma —le respondió con tristeza—. Es por tu bien, lo lamento.
—¡Demonios!
AGGHH —se removió varias veces más, hasta tener lágrimas de rabia y
desesperación en la comisura de los ojos—. ¡Desátame, Akane! ¡Por favor! ¡Te lo
ruego!
La
chica se mordió el labio, odiaba verlo en tanto sufrimiento, era mejor que
saliera de la habitación antes de hacer algo indebido.
—No
insistas, Ranma. No puedo hacerlo —respondió con firmeza—. Es por tu bien,
entiende. Cuando Tofu te vea sabremos qué hacer. Mientras tanto... es mejor
así. Podrías hacer algo de lo que… después podrías arrepentirte.
—¡No!
—dijo él con convicción, los ojos brillando en la escasa luz del cuarto—. Nunca. No podría arrepentirme de estar
contigo. Eres la única mujer para mí, no existe nadie más. Desátame, necesito
estar contigo, Akane. ¡Te necesito!
—¿Q-qué?...
Ella
tragó saliva sin saber qué decir, sonrojándose aún sabiendo que todo eso debía
ser una mentira, una jugarreta de Ranma para liberarse y poder irse corriendo
con Shampoo.
—N-no…
no me vas… ¡No me vas a hacer caer en ese truco! —replicó exasperada—. No te
gastes en dedicarme palabras de amor porque no te creo.
—Desátame
y te demostraré que todo es real. Te lo juro —la miró con tal intensidad y
sinceridad que Akane dudó por un momento.
—No
sabes lo que dices —la muchacha agachó la mirada—. Todo esto debe ser parte del
hechizo, si estuvieras bien no dirías nada de esto.
—Entonces
no quiero que este hechizo, como tú lo llamas, termine nunca. Ahora tengo la
fuerza y la valentía para decirte todo lo que siento —dijo con tranquilidad,
esperó a que ella lo mirara de nuevo para seguir hablando—. Te quiero, Akane.
No puedo separarme de ti nunca más, por favor, no te alejes.
La
muchacha se sintió desprotegida, casi desnuda con aquella confesión. Tragó
saliva y se cruzó de brazos nerviosa.
—Ranma,
tengo que irme.
—¡No!
¡No! Al menos quédate aquí, déjame verte. No puedo soportar que no estés cerca,
por favor —agitó la cabeza y se rió de sí mismo—. Me doy cuenta de lo imbécil
que he sido, de todo el tiempo que hemos perdido por mi culpa. Si no hubiera
sido un cobarde para este momento ya estaríamos casados y serías mi mujer en
toda regla.
Akane
se puso colorada y dio unos pasos hacia atrás.
—Ranma,
por favor…
—¡No
te vayas! ¡No! —volvió a mover el cuerpo entero y consiguió ponerse de pie.
Akane se sobresaltó.
—¿Qué
haces?
—Por
favor, abrázame, no puedo soportar tenerte lejos —dijo dando unos saltos hacia
ella.
—¡Esto
es absurdo! —se quejó la chica y volvió a retroceder.
Pero
cuanto más se alejaba, más se acercaba Ranma, rebotando como podía con el
cuerpo lleno de cuerdas.
—¡No
te vayas! —pidió el chico acelerando el ritmo de los saltos—. ¡Debemos estar
juntos!
—¿Qué
estás diciendo? —indagó Akane preocupada, escapando hacia las escaleras—.
¡Quédate ahí! ¡No te acerques!
—Desátame,
Akane, no siento las piernas.
—¡Yo
creo que las sientes muy bien! ¡Y deja de seguirme! —le arrojó un jarrón y
cuanta cosa pudo encontrar a su paso hasta bajar a la sala.
Ranma
esquivó los proyectiles moviéndose como un fideo. Uno de los trozos rotos del
jarrón le sirvió para desatarse; cortando el nudo principal, los demás trozos
de soga se deslizaron con total facilidad hasta caer al suelo. Se masajeó los
brazos y los tobillos con alivio y corrió escaleras abajo.
Akane
aún estaba indecisa, parada en el medio de la sala sin saber qué hacer. «Bueno,
por lo menos está atado. No creo que sea peligroso».
—Ya
pude liberarme —escuchó la voz de Ranma cerca de ella—. Ahora podremos estar
juntos, Akane.
«Diablos».
—¿Cómo
hi...?
Sin
previo aviso la empujó hacia el suelo y de pronto lo tuvo encima de ella. No
supo cómo, en qué momento se había distraído tanto en sus pensamientos, o había
parpadeado, y ya lo tenía tan cerca. Sentía todo su peso sobre ella y estaba
aterrorizada. Se quedó quieta del miedo. Ranma tampoco hacía nada, la miraba,
con una mirada rara y oscura, subió las manos y le pasó la punta de los dedos
por el rostro, delineando los pómulos.
—Eres...
tan hermosa —dijo con un acento extraño, como si recién lo hubiera descubierto.
En
la mente de Akane no había nada, en ese preciso momento no pensaba, solo se
fundía en el miedo, respirando agitada. Cuando el muchacho bajó las manos y le
aferró la cintura, y después inclinó la cabeza con claras intenciones de
besarla, el cerebro de Akane se encendió entero como una chispa. ¡No! ¡No era
así! ¡No quería que fuera así! Esto no era real.
—No,
Ranma, detente —pidió empujándolo por los hombros. Para su vergüenza la voz no
le salió tan fuerte y clara como hubiera querido—. No. ¡No! ¡No debe ser así!
—Claro
que sí. Te amo y eres mía. Somos prometidos —replicó él con la voz ronca, cerca
de su boca.
«Este
no es Ranma», fue tan claro el pensamiento que Akane encontró en él las fuerzas
que le faltaban. Lo empujó un poco y trató de escabullirse.
«¡Agua
fría!».
.
.
.
.
Esta
vez el efecto no había sido tan fuerte y Shampoo despertó sobresaltada, como si
su propia mente guerrera la urgiera a reaccionar y hacerse cargo de la
situación. Luchar, esa era la clave, y la muchacha lo supo. Aunque ya estaba
despabilada por completo no abrió los ojos, siguió fingiendo dormir para
planear una estrategia. Primero escuchó con atención hasta poder captar los
sonidos a su alrededor, sintió una presencia cerca y un ruido que conocía,
podría apostar que Mousse estaba cargando una mochila de viaje, debía tener
intenciones de abandonar el lugar y continuar la marcha como había dicho.
Luego,
se examinó el cuerpo mentalmente: los músculos le dolían un poco, pero ya no se
sentía tan débil y aunque los mareos volvieran podría aguantarlos. ¿Qué podía
hacer? Mousse había perdido la cabeza y tan terco como era solo se convertiría
en una molestia, ella debía irse de ahí, pero primero tenía que asegurarse que
Mousse no siguiera interfiriendo. Solo había una opción.
Ahora
era un obstáculo, y los obstáculos estaban para hacerlos desaparecer.
.
.
.
.
Le
tiró el contenido del balde con todas sus fuerzas, creyendo que así daría mejor
resultado. El agua helada lo golpeó por sorpresa, lo hizo cerrar los ojos y
farfullar unos improperios.
—¡¿Por
qué hiciste eso?! —se quejó Ranma sacándose el cabello empapado de los ojos.
Resopló, de pronto lo fastidiaba más que nunca ser mujer, aunque ni entendía
por qué—. ¿Qué te pasa? ¡Estás loca! Voy a tener que conseguir agua...
Movió
un brazo para apoyarlo en el suelo y levantarse y descubrió que estaba en la
sala de la casa de los Tendo, no en la escuela como él creía, y ya era de
noche. Arrugó el entrecejo.
—¿Qué
diablos...?
Se
levantó de golpe y giró a todas partes, buscando algún enemigo invisible. Se
fijó en Akane, quieta al otro lado del cuarto, cerca de la puerta corredera que
daba al jardín, y abrazando una cubeta con todas sus fuerzas. Lo miraba con los
ojos bien abiertos y una mezcla de miedo y preocupación.
—¿Cómo
rayos llegué aquí? —casi gritó la pelirroja—. Estábamos en la escuela...
estábamos en la escuela y Shampoo vino... Comí unos panes —se llevó una mano al
estómago haciendo una mueca—. Luego no recuerdo... no recuerdo nada —volvió a
mirar a su alrededor y se tomó la cabeza con ambas manos, cayendo de rodillas
al suelo—. ¿Qué fue lo que...? ¿Qué día es hoy?
—Ranma...
—la voz de Akane sonó apagada, casi gastada. Tragó saliva varias veces—. Ranma,
¿estás bien?
Dudó
un poco antes de soltar el balde y avanzar despacio. Las maderas crujieron bajo
su peso. Se arrodilló cerca de él.
—Para
nada —respondió Ranma masajeándose la frente—. ¿Qué pasó?
—Creo
que estabas hechizado o algo así. Tú querías... —agachó un poco la cabeza,
sintiendo que le subía el calor a todo el cuerpo. ¿Era necesario dar los
detalles después de todo? Cuando levantó la vista se encontró con los ojos de
su prometido mirándola atentamente, asustados de descubrir que había cometido
un acto terrible—. Tú me decías que me amabas... y que no podías vivir sin
mí... y querías besarme.
Ranma
se puso rojo en una milésima de segundo y perdió todo el aire de sus pulmones.
—¡¿Yo?!...
ja... no hay ninguna posibilidad... y-yo... ¿Cómo voy a decirle eso a una chica
tan fea y boba? ¡Ni que estuviera loco!
Estaba
rehuyendo su mirada y buscando un lugar por donde escapar. Necesitaba recuperar
la temperatura corporal normal y que su cara dejara de ser una brasa. Creyó que
vendría un golpe salvador que lo mandaría a volar lejos y no tendría que
enfrentar esa situación incómoda. Pero Akane lo sorprendió de nuevo como tantas
otras veces. Lo abrazó, insegura al principio, pero apretándolo con fuerza después.
Ranma
se quedó de piedra y de nuevo el color le subió, más rojo que nunca, hasta la
raíz del pelo.
—¿A-Akane?
—Ya
eres tú de nuevo —Akane soltó el aire con alivio y se quedó callada un momento
largo, tanto que parecía que ya no iba a decir nada. Pero agregó en voz baja:—
La verdad estaba asustada.
El
corazón del artista marcial latió más rápido, por un momento olvidó su
vergüenza y confusión y solo estuvo atento a protegerla, a consolarla, a
cuidarla y evitarle siempre todo mal.
—Lo
lamento —replicó, sinceramente arrepentido. No importaba que no recordara nada
de lo que había pasado, o que no fuera su culpa—. No volverá a suceder.
Y
no dijo nada más. En cualquier momento de seguro llegaría alguien y la magia de
ese instante se rompería, pero mientras tanto él se dedicaría a disfrutar ese
tiempo en silencio.
.
.
.
.
Supo
lo que tenía que hacer y tomó la decisión de inmediato, sin dudas ni
arrepentimientos. Abrió los ojos despacio procurando no revelar ningún indicio
de que estaba consciente, en ese momento Mousse estaba de espaldas a ella,
acuclillado en el suelo, lo que le daba una ventaja inesperada.
Sin
hacer ningún sonido que la delatara se fue contra él. Realizó los movimientos
con total frialdad, de memoria, sabiendo exactamente qué presión ejercer y en
qué puntos. Xi fa xiang gao. Olvido
garantizado, eliminación del problema de raíz. Cuando se apartó, Mousse cayó
hacia atrás como en cámara lenta, su sedoso y oscuro cabello desparramado en el
suelo. Parecía dormido. Cuando despertara no la recordaría y volvería a China,
extrañado quizá de estar tan lejos de casa.
Mirándolo
en silencio de pronto recordó la sincera sonrisa del chico cuando la saludaba
al comenzar un nuevo día de trabajo, lo recordó haciendo malabares para poder
llevar todos los platos y tazones con que Cologne lo recargaba. Lo recordó
arrodillado ante ella con un ramo de flores, declarándole su amor eterno e
invitándola a salir. Lo recordó con toda su torpeza cuando estaba sin anteojos.
Recordó
a Mousse, siempre llamando su nombre, siempre buscándola.
Mousse
viniendo desde China solo para estar con ella.
Mousse
defendiéndola aún cuando no lo necesitaba.
Mousse,
su único amigo, desde niños.
La
brisa nocturna secó convenientemente el inicio de un par de lágrimas en los
ojos de la amazona. Lo contempló un momento más. Pensó en Akane Tendo y en lo
fuerte que había sido para recordar aquello que ella intentó borrar. Quizá
él... quizá Mousse también...
No
se permitió pensar más en el tema y se dio la vuelta para volver a la ciudad.

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