Furenzu
En
la playa, las olas bañaban lentamente la línea de la costa. Shuji y Akira
estaban de pie sobre la arena, ambos todavía con los uniformes del colegio, las
manos en los bolsillos y una postura relajada y tranquila.
Tenían
la mirada perdida en el horizonte, cada uno resguardado en sus propios
pensamientos que, quizás esta vez, no fueran muy diferentes entre sí.
—Es
muy distinto a Tokyo —comentó Shuji mientras se apartaba de la cara los
cabellos que el viento se empecinaba en desordenar.
Habían
pasado casi dos meses desde que Kiritani Shuji había tenido que mudarse a otra
ciudad por el trabajo de su padre. Hacía casi dos meses, menos unas horas de
diferencia, que Kusano Akira se había mudado a la misma ciudad que Shuji
porque... bien, simplemente porque eran amigos, y además Nobuta se lo había
pedido. Hacía casi dos meses que no veían a Kotani Nobuko, la chica a la que
habían intentado «producir» para que fuera popular, y que para ellos sería
siempre simplemente Nobuta.
Hacía
casi dos meses que ya no eran los tres para todo.
—No
estés tan melancólico, Shu-ji-kun —dijo Akira con voz cantarina dándole unos
codazos en el costado.
—No
estoy melancólico —negó en seguida el otro dándole también un codazo—, solo
estoy pensando.
—Piensas
demasiado —indicó su amigo encogiéndose de hombros. Después apoyó un brazo en
el hombro de su compañero, aprovechando que el otro era un poco más bajo—. Hay
que disfrutar la vida, es una sola. ¡Ready and go!
Exclamó
lo último señalando el firmamento con el dedo índice.
—Suéltame
de una vez —le pidió Shuji frunciendo el ceño.
Akira
se llevó una mano al pecho.
—Mi
corazón se rompe con tus palabras —dijo de forma dramática, doblándose un poco
como si de verdad tuviera un dolor en el cuerpo, cuando vio que lo único que
hacía Shuji era levantar una ceja, se echó a reír sin recato y se giró quedando
de espaldas al océano.
—¡Eh,
Nobuta! —exclamó de pronto Kusano, levantando un brazo y riendo como idiota.
Saludaba a la muchacha con naturalidad, como si la hubiera visto por última vez
ayer mismo.
—¿Ah?
Shuji
se volteó a mirar y, en efecto, Nobuta caminaba hacia ellos por la arena, con
sus pequeños pasos desalineados y suaves, como si no quisiera molestar.
—Nobuta...
—murmuró incrédulo.
Cuando
ella llegó hasta donde estaban, los tres se quedaron mirando. La chica sonrió
apenas, inclinándose. Después no necesitaron decir nada más.
—La
mensajera que nos trae noticias de Tokyo, Shuji-kun —comentó Akira mirando al otro.
—Hoy
no... había escuela. Así que... vine en el tren —informó Nobuta, después se
inclinó ofreciéndole a Kiritani una caja de almuerzo envuelta en un pañuelo de
color azul—. Te lo envía Uehara-san. No pudo acompañarme, pero dice que la
próxima vez vendrá... si les parece bien.
—Wooow
—comentó Akira apreciativamente, alargando la palabra y asintiendo con la
cabeza.
—Muchas
gracias —dijo Shuji tomando el paquete.
—Supongo
que habrá tres pares de palillos —comentó Kusano adelantando una mano hacia el
bento.
—No
lo creo —respondió Shuji con seriedad, apartando el paquete—. Makino me lo
envió a mí.
—¡¿Ah?!
¡Akira en shock! —exclamó el otro muchacho con el gesto desencajado—. ¿No lo
vas a compartir, Shuji-kun? No estás teniendo bue-nos mo-da-les —agregó con voz cantarina, picándole la
mejilla con un dedo—. Seguramente tu mamá no te enseñó esas cosas.
Kotani
los observaba en silencio, con el rostro imperturbable, los brazos descansando
a cada lado de su cuerpo y la cabeza un poco gacha, esperando que terminaran
con sus juegos.
—Tú
no conoces a mi mamá —replicó Shuji fastidiado, pero no pudo evitar sonreír un
poco por las ocurrencias de su compañero, aunque inmediatamente volvió a estar
serio.
—Shuji-kun,
eres mi mejor amigo —dijo pasándole un brazo por los hombros y apoyándose en
él—, claro que conozco a tu madre. Es una señora encantadora que en este
momento está sufriendo por la falta de cortesía de su hijo mayor.
—Ya,
ya —Shuji se deshizo del abrazo—. ¿Nunca vas a dejar de molestar?
—No,
amigo —recalcó Akira, usando la
palabra en español—. Somos amigos para siempre, vamos a estar por siempre aquí.
¿Eh, Nobuta?
—Mm
—asintió en seguida la muchacha con la cabeza.
Shuji
sonrió abiertamente y empezó a caminar para subir hasta la calle.
—Vamos
—dijo, haciendo un gesto con la cabeza.
Los
otros dos lo siguieron.
—¿Cómo
están las cosas en la escuela? ¿Sigues con el programa durante los almuerzos?
—Sí.
Todos son muy amables conmigo —replicó la muchacha.
Siguieron
caminando los tres juntos, mientras el viento hacía ondear las chaquetas de los
muchachos y levantaba un poco la falda de la chica. Iban a compartir un
almuerzo, charlar sobre lo que había pasado en ese tiempo y lo que pasaría más
adelante. Kusano haría chistes sin sentido, Kiritani trataría de hacer como si
no lo conociera y Kotani los miraría entre impresionada y agradecida por estar
en su compañía.
Seguirían
siendo amigos quizá ¿para siempre? Probablemente sí.


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