En
la etiqueta decía que era con aroma a durazno, y Kyoko había dicho que le
gustaban los duraznos.
Sayaka
pestañeó mirando el paquete de jabón en su mano. Después se sonrojó, con
profundidad y a una velocidad sorprendente.
¡Qué
bajo había caído! ¿De verdad estaba pensando en comprarse un jabón pensando en
si le iba a gustar a Kyoko o no? Le había pasado con el perfume y le pareció
normal, le había ocurrido buscando el shampoo y se dijo que lo comprendía. Le
había ocurrido mientras elegía la ropa interior y se sintió avergonzada. ¡¿Qué
rayos le estaba ocurriendo?! ¡Kyoko ni siquiera la vería en ropa interior! ¡Por
Kami-sama!... Ah, pero si llegaba a verla quería gustarle...
Eso
ya era el colmo, era una auténtica pervertida. Además, odiaba comportarse así,
estaba adquiriendo la costumbre de comprar todas sus cosas personales en
función de los gustos de Kyoko, si le gustaría o no cuando lo percibiera,
cuando la viera usando algo. Incluso elegía con cuidado cada ingrediente para
la cena si Kyoko se iba a quedar a comer, o pasaba media hora decidiendo qué
pastel comprar para el té, solo porque quería ver su cara alegre y sus ojos
brillando de pura satisfacción cuando probara un pedazo.
Quería
hacerla feliz, había estado triste y sola por mucho tiempo, merecía estar
contenta, vivir sonriendo, y si ella podía hacerlo a través de esas pequeñas
cosas entonces lo hacía. Le gustaba verla sonrojada de felicidad, notar que
bajaba la guardia y estaba un poco más cerca de ella.
Pero
lo del jabón era demasiado, ¿verdad? Sayaka apretó el paquete en un puño.
Pero...
pero decía que era con aroma a durazno.
Y
a Kyoko le gustaba.

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