ぶぎゅる en pixiv
10
Shampoo se detuvo ante la puerta de la habitación del hotel. Se arregló el cabello con una mano, se acomodó mejor el busto en el ajustado vestido y tomó la perilla de la puerta, aplicando toda su fuerza, hasta que se rompió con un click, y quedó inservible. Entonces abrió la puerta y entró.
—Ranma, amor, ¿ya regresaste? —preguntó Akane, apareciendo envuelta en una bata de baño, con las puntas del cabello húmedas.
Al ver a Shampoo hizo un gesto de horror.
—Shampoo —murmuró llevándose las manos a la boca.
—¿Estás acostándote con mi esposo, maldita bruja? —preguntó Shampoo lanzándose sobre ella.
Akane retrocedió asustada.
—¡Auxilio! —gritó.
—¡Nadie podrá salvarte! ¡Ni siquiera Ranma! —exclamó Shampoo llena de furia, dándole una patada que la hizo caer al piso. Akane golpeó su cabeza en el suelo por el impacto y quedó inconsciente—. Debí matarte cuando pude.
Shampoo se arrodilló ante ella y Akane abrió los ojos despacio, llevándose una mano a la dolorida cabeza.
—Shampoo… —musitó.
—Morirás —le anunció Shampoo—. Así Ranma comprenderá que nunca debió engañarme, él es mío, mi esposo, debía respetarme, debía quedarse conmigo para siempre, él no podía verte, debía abandonar toda esperanza contigo, y no lo hizo. Ahora deberá pagar. Y tú también, por tocar lo que me pertenece.
—No… por favor… —susurró Akane tratando de incorporarse, pero Shampoo la tomó del cuello—. Tú… me envenenaste… para quedarte con Ranma…
Los ojos de Shampoo se aguzaron.
—Se suponía que nunca nadie lo sabría —dijo—, debí darme cuenta de que los menjunjes de mi bisabuela no funcionarían.
—Los médicos… —intentó decir Akane mientras Shampoo le oprimía el cuello—… supieron que era un veneno. Solo tú… podrías… haberlo… hecho…
—Sí, lo hice yo —replicó Shampoo—. Creí que morirías, eso era lo que esperaba. Pero resulta que el plan era solamente asustar a todos para que Ranma cayera en la trampa. Hubiera preferido que murieras desde el principio, porque ahora no estarías aquí, importunándome, quitándome a Ranma, ¡el único hombre que me hará concebir un hijo!
—Shampoo… —rogó Akane, con terror en la mirada.
—No pierdas el tiempo en pedirme clemencia, zorra descarada —dijo la amazona.
Akane dobló la pierna y le dio una patada con todas sus fuerzas; aprovechó el grito de asombro y dolor de Shampoo para empujarla por los hombros hasta hacerla golpear la cara en el piso.
—¡Ahhh!
Cuando Shampoo se incorporó, chorreando sangre por la nariz, Akane ya estaba de pie y se quitó la bata de un solo movimiento, revelando la camiseta y el corto short deportivo que tenía debajo.
—Aiya! —exclamó Shampoo—. Maldita, ¿qué haces?
—Si quieres matarme vas a tener que derrotarme primero, a ver si eres capaz, Shampoo —dijo Akane con una mirada decidida, poniéndose en posición de batalla.
—¡Te mataré aunque sea lo último que haga! —sentenció Shampoo, limpiándose la sangre de la nariz con el dorso de la mano y lanzándose a golpear a Akane.
Dio varias patadas que no hacían más que rozar el aire, porque Akane las esquivaba con gracia. La chica Tendo le devolvió dos puñetazos seguidos en el vientre, y Shampoo se dobló de dolor, soltando un quejido.
—Te has vuelto muy lenta, Shampoo —comentó Akane—. Así nunca me vencerás.
La amazona gruñó, enceguecida por la furia y se lanzó de nuevo contra ella, con una patada alta. Akane la esquivó y giró, golpeándola con el codo, haciéndola trastabillar; después dobló la pierna y le dio un rodillazo en el vientre, y de nuevo la empujó hacia el piso. Shampoo perdió el equilibrio en sus zapatos de tacón y cayó, desparramándose en el suelo.
—Ríndete, Shampoo —dijo Akane de pie a su lado—. Entrégate a la policía y quizá tu condena sea más breve.
Shampoo se incorporó de a poco, con la cabeza gacha y su largo cabello cayendo por los lados, como una cortina de color violeta. Akane la vio temblar y luego escuchó que sollozaba, y aquello ablandó su corazón.
—Shampoo…
—No me rendiré —dijo la amazona con la voz entrecortada, moviendo los hombros por los sollozos—. Ranma es mío…
—No tienes escapatoria —le dijo Akane en voz baja.
—Debo tener un hijo de Ranma… a como dé lugar… Son las leyes amazonas.
Akane se horrorizó de lo empecinada que era, sin medir sus actos ante nada solo por cumplir con la tradición.
—Shampoo… no puedes. Ranma no te ama.
La amazona emitió un extraño sonido y sus hombros se agitaron todavía más, Akane dio un paso más hacia ella, preocupada y extrañada.
—¿Estás… bien?
Y Shampoo levantó la cabeza, echando atrás el cabello en el movimiento. Akane pudo ver cómo su maquillaje comenzaba a correrse por sus lágrimas, dejando sombras negras bajo los ojos, pero lo que más la impactó fue que la amazona se estaba riendo. Echó atrás la cabeza y rio con una risa histérica, hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, pero ahora por la risa.
—Siempre tan ingenua, Akane Tendo. Sigues siendo la misma chiquilla idiota de siempre —dijo Shampoo todavía con la sonrisa en los labios.
—¿Qué dices? —preguntó Akane retrocediendo un paso.
—Ranma no me ama, ¿y qué? ¡¿Qué diablos me importa?! —exclamó—. Lo único que quiero es un hijo, es mi única misión, mi único propósito es dar un descendiente fuerte a la aldea Joketsuzoku, y ese hijo debe ser de Ranma Saotome. No me vengas con tu estúpido discurso sobre lo que debo o no hacer, ¿qué sabes tú, niñita tonta? ¡Ranma es mío! Aunque él me desprecie, aunque nunca me haya invitado a su cama, ¡él es mío! Es mi esposo, estamos casados legalmente. Y es el único que me podrá dar un hijo, es el único que podrá poner una simiente en mí. ¿Sabes por qué lo sé? Porque me he acostado con muchos hombres, he compartido la cama con muchos diferentes por toda Asia, y ninguno de ellos fue lo suficientemente fuerte para darme un hijo, ninguno de ellos logró embarazarme. Eso quiere decir que solo Ranma podrá concebir un hijo conmigo. ¡Solo él!
—Shampoo… tú… —Akane la miró con lástima— ¿no puedes… tener…?
—¡Cállate, maldita! —la interrumpió Shampoo mirándola con odio—. ¡No te atrevas a pronunciarlo o te arrancaré la lengua antes de matarte!
La amazona se puso de pie lentamente.
—Ranma me dará un hijo —sentenció—. Pero antes, debo terminar contigo, para que ya no pueda rechazarme. Debes morir antes de que Ranma vuelva, Akane Tendo.
Con rapidez se lanzó hacia ella, Akane dio un paso atrás; no estaba preparada para su arranque de furia.
—¡El truco de las castañas calientes!
Ranma se movió veloz, saliendo de su escondite, interponiéndose entre Akane y la amazona, y golpeándola con la repetición rápida de los puñetazos, la técnica que había aprendido de su propia bisabuela.
Shampoo hizo un gesto de sorpresa y horror y se fue hacia atrás por el ataque, chocando con la pared, y al final cayendo de nuevo sentada al piso, donde se quedó quieta, con un brazo sobre el vientre, apretando los dientes para no quejarse por el dolor.
—Ranma… —murmuró la amazona.
El muchacho respiraba agitado, finalmente dejó caer los brazos a los costados de su cuerpo.
—Tú nunca… golpeabas a una mujer —dijo Shampoo en un hilo de voz.
—Contigo hice una excepción —replicó él con una mirada siniestra.
—Bueno, bueno, cuñadito, no te pongas tan violento —dijo Nabiki apareciendo desde donde Ranma había salido, detrás de ella iba Kasumi.
Shampoo levantó la cabeza mirando a cada uno de ellos sin entender lo que ocurría.
—¡Nunca tendría que haberte hecho caso en exponer a Akane así! —vociferó Ranma volteando hacia ella.
—Cálmate, por favor —pidió Akane—, no me pasó nada, estoy bien.
—Eso, Ranma —terció Nabiki, que no se había inmutado lo más mínimo con sus gritos—. Akane lo estaba manejando muy bien, yo diría que le hubiera podido dar una paliza a Shampoo sin problemas, después de todo se la ha pasado entrenando sin descanso todos estos años. Además, es muy buena actriz, hizo bien su papel para que consiguiéramos la confesión.
Nabiki mostró la pequeña grabadora que tenía en la mano. Shampoo clavó los ojos en ella.
—Creí que nunca usabas «esos trastos» —le comentó Ranma con acidez.
—Pues yo también quise hacer una excepción por esta vez —respondió Nabiki sonriendo con burla—. Ahora, tú y Akane cuiden que Shampoo no vuelva a hacer una escena de mujer celosa y me quiera arrancar los ojos, debo hablar con ella.
Nabiki se sentó cómodamente en uno de los sillones del cuarto, y le indicó a Kasumi que se sentara a su lado. Ranma y Akane se quedaron de pie, uno a cada lado de la amazona, mirándola desde su altura, Ranma con un gesto inmisericorde y Akane con una mirada tan llena de lástima, que le dio asco. Shampoo se abrazó a sí misma, sintiéndose pequeña y absolutamente derrotada.
—Muy bien, Shampoo —dijo Nabiki cruzando las piernas—. Como puedes darte cuenta, has perdido; hemos grabado cuando confesabas que intentaste matar a Akane una vez, y ahora vuelves a repetirlo. Eso es bastante grave y te darían varios años en la cárcel por reiterado intento de asesinado, con premeditación, además.
Shampoo desvió la vista y no dijo nada. Nabiki se sonrió.
—Tenemos varias opciones ahora, Shampoo —siguió diciendo Nabiki—. Podemos entregarte a la policía, y con estas pruebas, como ya te dije, te encerrarían por varios años. También podemos tomar otro camino, tú firmas pacíficamente los papeles de divorcio y nosotros no te entregamos a la policía.
—¿Qué estás diciendo, Nabiki? —intervino Akane mirándola como si estuviera loca.
Nabiki levantó una mano con tranquilidad para que esperara a escuchar lo que tenía que agregar.
—Luego, por supuesto, dejaría a Ranma contigo en una habitación sin nada que lo distrajera; y créeme, lo que Ranma te haría no sería nada placentero, como ya te habrás podido dar cuenta —Nabiki sonrió cuando Shampoo volvió a mirarla, con un gesto de odio.
—¡Jamás firmaré el divorcio! —gritó Shampoo—. Ranma es mío. Pueden hacerme lo que quieran, pero nunca dejaré que se case con otra.
—No te precipites, Shampoo —dijo Nabiki muy calmada—, aún no escuchas mi tercera opción.
Ranma cruzó una mirada con Akane y después miró a Nabiki, que se echó un poco hacia adelante para hablarle a Shampoo.
—La tercera opción es entregarte a tu tribu —dijo Nabiki lentamente.
Después se recostó en el respaldo del sillón, acomodándose.
—¿Sabes?, las leyes de las amazonas son muy interesantes y bastante severas —dijo Nabiki—. Kasumi, por favor, el libro de las leyes —pidió, y su hermana abrió la bolsa que llevaba y sacó un viejo libro con la portada escrita en chino—. ¿Recuerdas esto? La primera vez que llegaste a nuestra casa nos mostraste esta copia de las leyes de tu aldea para probar que eras la prometida de Ranma; y lo olvidaste allí. Qué suerte que yo nunca tiro nada, Shampoo; y qué bueno que en la parte de atrás está la traducción al japonés.
Nabiki volvió a sonreír, deleitándose en la cara de asombro que ponían Ranma y Akane, y en el pequeño gesto de temor que afloró al rostro de Shampoo.
—Me desvelé casi toda la noche, pero valió la pena —siguió diciendo Nabiki—, pude enterarme de cosas muy interesantes. Estás acabada, Shampoo, las leyes de tu aldea son lapidarias para alguien como tú. Primero, mentiste sobre tu matrimonio, porque en realidad nunca fue consumado y por lo tanto nunca tendrás un hijo de tu esposo, como tú misma admitiste; además, lo engañaste con varios hombres, como también acabas de confesar, y no olvides que está todo grabado, no puedes fingir que no pasó. Me sorprendió enterarme que las leyes de la aldea son bastante conservadoras, respetan el matrimonio como una unión sagrada y un vínculo de honor, y la infidelidad es severamente penada, Shampoo.
Shampoo se removió en el piso.
—No es… estás mintiendo, Nabiki Tendo —dijo Shampoo.
—Por favor, tú sabes bien que digo la verdad —replicó la periodista, y le arrojó la copia de las leyes a sus pies—. Refresca tu memoria, Shampoo. Tú sabes lo que pasa con las amazonas que como tú engañan a la aldea, mentir diciendo que la tribu tendrá una descendencia fuerte, como tú pretendías hacerles creer que pasaría al casarte con Ranma, es muy grave porque atenta contra la supervivencia de la aldea. De haberse conocido tu caso, de inmediato habrían anulado tu matrimonio y te habrían hecho casar con alguien más.
—No… ¡no es cierto! —exclamó Shampoo desesperada—. Yo no mentí… Ranma y yo…
—Todos sabemos la verdad, presentar una demanda de anulación sería muy fácil, y con las pruebas que tenemos se aceptaría en seguida —dijo Nabiki—. Sin embargo, tú no te podrás librar de las leyes de tu tribu, Shampoo…
—¿La matarán? —intervino Akane, a pesar de todo, preocupada por Shampoo.
—No —respondió Nabiki—, para la aldea la muerte es un privilegio que solo existe para una guerrera. A Shampoo le espera algo peor que la muerte, perdería su estatus de guerrera, y sería convertida en una simple sirvienta de la aldea, sin privilegios, sin derechos, ocuparía la misma posición que un hombre en la aldea, sería invisible a los ojos de las demás. Incluso peor que un hombre, porque jamás podría volver a practicar artes marciales.
Los labios de Shampoo temblaban.
—Tú no puedes… no puedes hacerme esto… ¡Ranma, eres mi esposo, no puedes permitirlo!
Ranma no respondió, solo la miró con odio por su descaro, después de todo lo que había hecho se atrevía a suplicarle por ayuda.
En su desesperación, Shampoo buscó los ojos de Akane.
—Akane, no puedes dejar que tu hermana me haga esto —sollozó.
Akane titubeó, estuvo a punto de hablar, pero Ranma estiró el brazo ante ella deteniéndola.
Nabiki miró su reloj y creyó que ya era suficiente.
—A pesar de que no te lo mereces, vamos a ser justos contigo, Shampoo —habló Nabiki—. Tal vez creas que soy una mujer horrible, con un corazón de hielo, así que no seré yo quien elija cuál será tu castigo. Tampoco Ranma o Akane, que están tan involucrados en el asunto que nunca podrían ser neutrales. Quien elegirá cuál de estos castigos caerá sobre ti será la persona más noble, tierna y dulce de todas. Kasumi.
Nabiki volteó a mirarla y su hermana le devolvió la mirada sorprendida.
—¿Yo? —preguntó Kasumi llevándose una mano a la mejilla.
—Claro, hermana, eres prudente y sabia, confío en ti —dijo Nabiki pasándole un brazo por los hombros y estrechándola con cariño.
Kasumi movió los labios nerviosa, y paseó la vista de Akane hacia Ranma, y de nuevo hacia Akane, que la miraban expectantes, tan desconcertados como ella por las palabras de Nabiki.
—Pues… yo… —Kasumi tragó saliva—. Yo creo que… Shampoo ha sido una muy mala persona, merece ir a la cárcel y que haya justicia… Sin embargo, pienso que siempre debe ser la propia familia la que reprenda, castigue y reforme a quien cayó en malas prácticas, para que se convierta en una mejor persona. Shampoo debería volver con los suyos, para que ellos apliquen la corrección que crean necesaria.
—¡No! ¡No puedo ser un hombre! —aulló Shampoo estallando en lágrimas—. Seré… menos que nada, una paria, ellas ni siquiera me permitirán el descanso de la muerte.
Kasumi palideció, un poco preocupada, pero Nabiki la apretó de nuevo con cariño.
—Siempre he confiado en tu buen juicio, Kasumi —le dijo con una sonrisa alegre—, y porque confiaba, ya he enviado una carta a la anciana Cologne, que seguro llegará en dos o tres días a Japón para encargarse de su querida bisnieta.
—No…
El rostro de Shampoo perdió todo el color, aflojó los brazos y dejó caer los hombros.
—Un castigo peor que la muerte, Shampoo —sentenció Nabiki—, eso es lo que tendrás, y arrastrarás a los tuyos con la misma suerte. Tú y tu bisabuela han perdido.
—…No… no… por favor… —Shampoo sollozaba hecha un ovillo junto a la pared.
Nabiki se levantó, y Kasumi la imitó de inmediato, alisando delicadamente su vestido al levantarse.
—Muy bien, ya no tenemos nada que hacer aquí —dijo Nabiki—. Shampoo, vuelve a tu hotel y espera tu destino con los restos del honor amazona que te quedan, ya no cometas locuras.
—Pero… ¿no es peligroso dejarla sola? ¿No se escapará? —preguntó Akane indecisa.
—No creo que lo haga… no hay adónde correr. Las amazonas la encontrarán tarde o temprano, no se puede escapar de ellas —respondió Nabiki, luego volteó a mirar a Ranma—. ¿Verdad? Te siguieron hasta Japón para matarte, esto es casi lo mismo. Además, no creo que Shampoo haga nada, mírenla, no es ni la sombra de aquella guerrera orgullosa que solía ser.
Shampoo seguía llorando, cubriéndose el rostro con las manos, con las piernas dobladas pegadas al pecho.
—No… no puede ser… no puede ser —murmuraba entre lágrimas.
—Vámonos —dijo Nabiki, fue la primera en salir, seguida por Kasumi—. Tengo hambre, deberíamos cenar.
Akane las siguió, después de mirar una última vez a Shampoo, en el marco de la puerta se detuvo y observó a Ranma. El muchacho también giró para mirar a Shampoo, sin poder creer que esa sería la última vez que la vería, que por fin era libre y podría volver a ser feliz.
Ranma caminó hacia Akane, que lo esperaba con la mano extendida hacia él, se la tomó y ambos salieron. Al final, Ranma cerró la puerta a su espalda.
Pasaron dos minutos y la puerta volvió a abrirse, resonaron unos pasos apurados en el piso, pero Shampoo no levantó la cabeza, hasta que sintió que alguien le tocaba un hombro. Al mirar, vio a Nabiki inclinada hacia ella con una pequeña sonrisa.
—Toma —le dijo.
Shampoo, aturdida y con el rostro lleno de lágrimas, recibió entre sus manos la llave que Nabiki le tendió.
—Es la llave de esta habitación —dijo Nabiki Tendo—. Devuélvela en la recepción, por favor, y paga la cuenta. Adiós.
Y con pasos apresurados de nuevo se dirigió a la salida y cerró de un portazo.
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