ぶぎゅる en pixiv
—Vaya, vaya —comentó Nabiki entrando despacio a la cocina.
Tofú y Kasumi la miraron con sorpresa.
—Nabiki —dijo su hermana en tono de regaño.
—Lo siento, no pude evitar escuchar —se excusó la muchacha sin demasiado empeño—. ¿Podría explicarnos bien de qué habla, doctor Tofú?
—Bueno, Nabiki, yo…
—No se retracte, doctor —dijo Nabiki con seriedad—, creo que es tiempo de que todo salga a la luz. ¿No te dije, Kasumi, que este era buen momento? —preguntó después mirando a su hermana.
Kasumi inspiró enderezando la espalda.
—Tofú… ¿qué quiere decir con que fue Ranma el que consiguió la medicina para Akane? —preguntó la mayor de las Tendo—. Supongo que usted le pidió ir a buscarla o algo así.
Tofú negó lentamente con la cabeza.
—No, Kasumi. Quisiera poder haber hecho algo por Akane, pero su caso era extremo, y muy raro, extrañamente como apareció, la enfermedad también desapareció; pero yo no pude hacer nada, estaba más allá de mis conocimientos, ni siquiera la medicina occidental pudo hacer algo. Ranma consiguió una medicina y me pidió que la entregara para el tratamiento de Akane, pero no quería que yo dijera que había sido él.
Tofú las miró contrariado.
—Acepté porque Ranma era un buen muchacho, lo consideraba mi amigo, así que oculté la verdad —el doctor titubeó un momento y luego continuó—. Ya no puedo mentirles y hacerles creer que yo soy el salvador de Akane cuando no es verdad, y en realidad… Ranma fue el que le salvó la vida.
Kasumi se cubrió la boca con las dos manos.
—No puedo… no puedo creerlo —murmuró—. Todo este tiempo pensé lo peor de Ranma por abandonar a mi hermanita de esa manera, y ahora resulta que… en realidad él la salvó.
—Así es, Kasumi —corroboró Tofú poniéndole una mano en el hombro.
—Pero, ¿por qué Ranma haría eso? —preguntó Nabiki cruzándose de brazos—. ¿Por qué salvar a Akane, ocultarlo y después correr a los brazos de Shampoo? No tiene sentido. A menos… que Shampoo estuviera involucrada en el asunto.
—Así es, Nabiki —dijo Tofú.
—¿Usted lo sabía? —Nabiki levantó una ceja—. Esa famosa medicina, ¿era china verdad?
Tofú asintió.
—Ya veo —murmuró Nabiki—, entonces Shampoo le tendió alguna trampa a Ranma para poder darle esa medicina para Akane.
—Ranma me dijo que si él les traía la medicina luego lo odiarían, y quizá no la utilizaran, por eso me pidió hacerlo a mí —comentó Tofú—. Luego de dármela se fue con Shampoo.
—Lo recuerdo —dijo Kasumi de pronto, paseando la mirada de su hermana al doctor—. Aquel día Ranma se fue sin ninguna explicación, ya nunca lo volvimos a ver, y luego supimos que se casó con Shampoo.
—Supongo que a eso se refería con que lo odiaríamos —dijo Nabiki pensativa—. Pero insisto en que eso no es normal, seguramente Shampoo hizo algo.
—Ranma me dijo algo más aquel día antes de abandonar mi consulta —continuó el doctor Tofú. Las hermanas Tendo lo observaron expectantes—. Me dijo que amaba a Shampoo y se iría con ella a China.
.
.
Shampoo estaba recostada en el amplio sofá de su habitación en el hotel hablando por teléfono. Tenía puesta una bata después de ducharse y el cabello húmedo aún recogido en una toalla. Ante ella, en una pequeña mesa, estaban dispersos su maquillaje y sus cremas, aunque aún no había podido tocarlas, ocupada con la llamada telefónica.
—Entonces, ¿cómo estás? —preguntó Cologne desde el otro lado de la línea.
—Muy bien, me estoy arreglando para salir.
—¿Con Ranma?
Shampoo torció el gesto a uno de disgusto, pero se esforzó para que su voz sonara normal.
—No, Ranma está muy ocupado y concentrado en las competiciones, no tiene tiempo para salir —respondió—. Iré de compras al centro comercial, luego saldré a comer, al final de la tarde quizá pase a verlo al gimnasio.
—Shampoo… ¿aún no hay resultados? —inquirió Cologne— Es necesario que tengas un hijo con Ranma pronto.
—Bisabuela, no es tan fácil. Ranma está muy ocupado, y a veces simplemente no tenemos tiempo a solas. Nosotros…
—Han sido más de cuatro años —insistió Cologne—. Dos jóvenes fuertes y sanos deberían procrear rápidamente.
Shampoo se mordió el labio.
—Bisabuela, recuerda que tomé pastillas anticonceptivas durante mucho tiempo.
—Esas son excusas, Shampoo. Sabes que hicimos todo esto para dar una descendencia fuerte a la aldea, nada más. No lo arruines ahora.
Shampoo se quedó callada durante un momento, apretando los labios.
—Lo sé, bisabuela —dijo al final—. No tardará, te lo prometo.
—Eso espero. Además... tienes que volver a entrenar un poco; ven más seguido a la aldea para que pueda darte unas lecciones. Te has vuelto fofa, estás perdiendo tu orgullo de amazona, solo vas de compras y vives en hoteles elegantes. De esa forma no podrás educar bien a tu hijo.
—Bisabuela, yo…
—Cuando te embaraces espero que vuelvas a vivir a la aldea.
Shampoo pestañeó.
—Pero Ranma viaja constantemente por los torneos, y su sede de entrenamiento está en Shanghái.
—Eso no importa, deja que Ranma haga lo que quiera —replicó Cologne—, tú y tu futuro hijo deben vivir en la aldea, como mandan las costumbres. Ahí él aprenderá las leyes amazonas y será criado por nuestra tribu. Ya no necesitaremos a Ranma en ese momento.
—Ranma es mi esposo —aclaró Shampoo sin comprender.
—Sí, pero solo para engendrarte un hijo, luego no importa lo que sea de él. Conoces nuestras leyes, Shampoo —sentenció Cologne—. Claro que si luego pueden tener tres o cuatro hijos más, es mejor para la aldea, pero eso no interesa en realidad. Tienes que ponerte a entrenar nuevamente para estar preparada y adiestrar a tu descendencia de la mejor manera posible.
—Sí, bisabuela —respondió Shampoo, y se quedó mirando el vacío con el teléfono pegado a su oreja.
.
.
Ranma Saotome salió de los vestuarios del estadio con el cabello suelto y húmedo, llevando su bolso de ejercicios colgado de un hombro. Iba caminando distraído por el pasillo y casi choca con alguien.
—Lo siento… ¿Nabiki? ¡Qué diablos!
—Vaya, Ranma, tu lenguaje no ha cambiado ni un poco, ¿no es verdad? —comentó Nabiki con acidez, pero sonriendo.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo te dejan pasar? —preguntó Ranma mirando a un lado y otro del pasillo.
—Te dije que era de la prensa, ¿ya no te acuerdas? Siempre tan lento —Nabiki puso los ojos en blanco y descansó una mano en su cintura, lo que dejó al descubierto el intrincado diseño de encaje de su blusa blanca.
—No creo que la prensa pueda venir hasta los vestuarios —comentó Ranma y siguió andando.
Nabiki caminó a su lado.
—Bueno, es verdad, eso es mérito mío. Ya te había dicho que soy la mejor de Japón, y tengo mis métodos para lograr eso.
—Ajá.
—¿Por qué no vamos a tomar algo juntos, cuñadito? —preguntó después Nabiki tomándolo por el brazo cariñosamente.
—Te dije que…
—Ranma, el auto está esperando… Vaya, ¿tienes compañía? —preguntó un hombre de traje acercándose a ellos.
Nabiki sonrió de costado reconociendo a Shota Takeda, un hombre de unos cuarenta años, cabello corto y maneras elegantes.
—Soy Nabiki Tendo, periodista del Mainichi Shimbun —se presentó Nabiki con una inclinación de cabeza—. Ranma me concedió una entrevista y estábamos a punto de irnos.
—En realidad… —comenzó a decir Ranma, pero Nabiki le dio un codazo que lo dejó sin aire y lo hizo toser.
—¿Ah, sí? —Takeda pasó los ojos de ella a Ranma—. No me comentaste nada, Ranma, sabes que nuestra agenda es apretada. Además, señorita… ah, ¿Tendo, verdad? Señorita Tendo, si no recuerdo mal, usted tenía agendada una entrevista luego de la rueda de prensa del viernes y no se presentó.
—Motivos personales —replicó Nabiki manteniendo la sonrisa pícara.
—No podemos hacer excepciones —insistió Takeda poniendo las manos en los bolsillos de su pantalón.
—¿Ni siquiera con el mejor periódico de todo Japón? Sería una muy buena publicidad que Ranma diera una entrevista un poco más desestructurada con una de sus mejores periodistas —dijo Nabiki con inocencia.
—Ranma no necesita más publicidad, los sponsors hacen fila por él —respondió Takeda sonriendo.
—Bueno, pero nunca se debe decir que no a un poco más de dinero, ¿verdad?
El comentario de Nabiki fue hecho con suma precisión y dio en el blanco.
—Quizá… tenga razón —concedió el manager.
—En ese caso, nos vemos —se despidió Nabiki y tiró del brazo de Ranma para hacerlo caminar.
—Nabiki, te dije que… —comenzó Ranma.
La muchacha se inclinó cerca de él para susurrarle al oído mientras seguían caminando.
—Cállate, voy a arreglarte la vida, así que haz lo que te digo.
.
.
Hacía apenas cinco minutos que Shampoo había vuelto al hotel luego de recorrer las tiendas más importantes, iba a cambiarse y esperar a Ranma y Takeda para cenar, cuando golpearon a su puerta.
—Hola, preciosa —saludó Shota Takeda en cuanto ella abrió, y sin dejarla siquiera hablar, la asaltó con un apasionado beso y delineó sus curvas con las manos para terminar oprimiéndole las nalgas.
Shampoo lo recibió casi desesperada y a medias consciente de algo más, cerró la puerta de un portazo.
Takeda la llevó hasta la mesa que había en la pequeña salita y la sentó encima, recogiéndole el vestido y acariciando sus muslos. Shampoo lo encerró entre sus piernas, atrayéndolo hacia ella de forma sensual. Takeda la besó por todo el escote, tironeando la parte delantera del vestido para descubrir sus generosos pechos, que comenzó a lamer y succionar con fuerza mientras se quitaba el saco y Shampoo, gimiendo mientras se mordía los labios, le quitaba el cinturón y desabotonaba sus pantalones con premura.
—Ah… rápido, antes de que Ranma nos interrumpa —susurró sensual en su oído.
Takeda sonrió y se bajó el cierre del pantalón, luego le quitó la ropa interior a Shampoo mientras ella se levantaba un poco para dejarlo hacer, y al final lo recibió con un suspiro aliviado que la hizo estremecer.
—¡Oh, sí!... Más… más —pedía la amazona moviendo las caderas rítmicamente para recibir las embestidas.
Ambos se enlazaron en aquella danza con apenas quejidos de placer y gemidos que intentaban ahogar, sobre todo Shampoo, que se mordía los labios con fuerza para no gritar. Terminaron agitados, Shampoo echó la cabeza hacia atrás desinhibida, con su largo cabello rozando la superficie de la mesa, y de a poco fue volviendo a la realidad al sentir las manos de Takeda paseando por sus muslos lentamente.
—Te invito a repetir, preciosa —murmuró el manager—, pero en un sitio más cómodo. Vamos a la cama, ¿quieres?
—No podemos —respondió Shampoo normalizando su respiración de a poco—. Ranma llegará en cualquier momento.
—No, se retrasará bastante —sonrió Takeda.
Shampoo le devolvió la sonrisa y cuando él la levantó de la mesa, enredó de nuevo las piernas en torno a su cadera. Shota Takeda la tiró sobre la cama pulcramente tendida y rápidamente se quitó los pantalones y se desabotonó la camisa antes de ponerse encima de ella. La amazona movió con sensualidad las caderas, rozándolo a propósito.
—¿Qué hiciste para mantener ocupado a Ranma? —quiso saber Shampoo mientras le acariciaba la espalda lentamente.
—No hice nada. Ranma salió, fue a dar una entrevista con una tal… Tendo algo, no recuerdo su nombre —Takeda volvió a atrapar un pezón con la boca, pero Shampoo lo empujó.
—¿Tendo? ¿Cuál Tendo? —exigió.
—No sé, no me acuerdo —Takeda intentó volver a besarla, pero Shampoo se lo impidió.
—¿Se llamaba Akane?
—¿Akane?... No, no creo, era… ¿Nabiki?, creo que así se llamaba.
—Nabiki… —repitió Shampoo con la mirada perdida.
—¿De qué te preocupas, preciosa? —le dijo Takeda sonriendo—. Es solo una entrevista que luego nos dará muchos sponsors.
—Escúchame bien, Shota —Shampoo lo miró a los ojos—, no quiero que permitas que Ranma vuelva a ver a esa mujer. Y si la ves aparecer en algún lugar, quiero que me avises.
—¿Y eso? —quiso saber Takeda—. Preciosa, no te preocupes, sabes que Ranma jamás podría engañarte con una mujer, estás a salvo —rio el hombre.
—¿Qué quieres decir? —Shampoo lo miró extrañada.
—Bueno… ya sabes —él siguió sonriendo.
—Ranma no es gay —sentenció Shampoo incorporándose en la cama.
—Oh, vamos, no es necesario que finjas conmigo. La situación es muy entendible, Ranma se casó para dar una mejor imagen como artista profesional, pero sus… gustos… están muy claros. Déjame decirte que tú te esfuerzas mucho por dejar bien parado a tu esposo; eres una mártir, cariño.
—Estás equivocado —le dijo Shampoo—. Ranma no es gay —volvió a repetir con el ceño fruncido.
—Si un hombre está casado con una belleza como tú pero no te atiende como es debido, y hasta pide siempre habitaciones separadas, entonces no se puede pensar otra cosa, preciosa —replicó Takeda.
Shampoo bajó la mirada.
—O eso, o realmente te detesta, pero en ese caso, ¿para qué casarse, no? —Takeda se encogió de hombros.
—¿Dónde se reunió Ranma con Nabiki Tendo? —inquirió Shampoo.
—Qué se yo, no le pregunté. ¿Qué sucede? ¿Me puedes explicar? —dijo Takeda apoyado sobre un codo en la cama.
—Ya te lo dije, no quiero que Ranma vuelva a ver a esa mujer. Encárgate de eso —le ordenó.
—Bien, haré lo que pueda —respondió Takeda sin entusiasmo.
Acarició el muslo de Shampoo y subió la mano hasta acceder a la calidez entre sus piernas.
—Mejor sigamos con lo nuestro —le dijo con una voz que era como una caricia.
Shampoo lo miró atentamente a los ojos. Debía poner en marcha un plan cuanto antes, tenía que embarazarse y hacerle creer a Ranma que habían pasado la noche juntos, para eso necesitaría algunas pócimas chinas, pero eran sencillas de conseguir. El candidato para embarazarla era primeramente Shota, si no funcionaba luego se encargaría de buscar a alguien mejor.
La amazona sonrió y con fuerza rompió la tela de su vestido para quitárselo de una vez.
—Vaya, vaya, estás hecha una fiera hoy —comentó Takeda en tono aprobatorio—. ¿No extrañarás ese vestido, preciosa?, te quedaba muy bien.
Shampoo lo empujó por el hombro y se sentó encima de él.
—No pienses en eso —respondió mientras se inclinaba para besarlo—, mejor piensa en satisfacerme.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué te pareció?