ぶぎゅる en pixiv
Akane estaba en la cafetería de su universidad con un libro abierto ante ella y una taza de té enfrente. En una esquina del local había un pequeño televisor encendido con el volumen bajo. Akane, de tanto en tanto, lanzaba miradas hacia esa esquina, apretando los dientes, aguzando la mirada o simplemente resoplando desesperada. Una de sus manos sostenía el lápiz sobre el libro, que de vez en cuando hacía alguna vaga anotación en los márgenes de la hoja, pero su mirada vagaba una y otra vez hacia el televisor.
De vez en cuanto escuchaba algunos comentarios de las personas que estaban atentas viendo también la televisión, y entonces levantaba la cabeza de su lectura para prestar atención.
—Saotome es muy bueno.
—Sí, pero el vietnamita Cung Le es uno de los mejores en su país, ¿crees que podrá ganar?
—Dicen que Saotome va directo a la final.
—Ha ganado varias ligas casi sin esfuerzo, ¿o no?
—¡Oh!, vaya, miren esa patada.
Akane también estaba atenta mirando y casi dio un pequeño salto de festejo al ver que el oponente de Ranma caía a la lona y parecía atontado por un momento. En la televisión mostraron la repetición del momento en cámara lenta y Akane pudo observar los intensos ojos azules de Ranma concentrados y los mechones de su cabello flotando alrededor mientras realizaba el movimiento.
Akane apretó el lápiz con fuerza en su mano.
—No, idiota, no te distraigas —murmuró como si se estuviera aprendiendo algo de memoria.
Cung Le reaccionó con una serie de puñetazos, Ranma, al parecer desconcentrado, no estaba bien parado para recibirlos. Un golpe lo debilitó, pero se alejó de los demás dando un salto acrobático; al volver a caer apoyando los dos pies, movió hacia atrás la trenza sobre su hombro.
—¿Lo liquidará ahora? —se preguntó Akane en el mismo murmullo.
Ranma avanzó con velocidad, al mismo tiempo Cung Le adelantó el puño para recibirlo, Ranma se apoyó en él y se impulsó con agilidad, dando una voltereta completa en el aire.
—Miren eso.
—Waaa, ¡increíble!
—Siempre fanfarroneando —murmuró Akane sin sorprenderse.
Ranma cayó detrás de su oponente y le lanzó una patada baja para tirarlo.
—Akane, no sabíamos que estabas aquí —comentó Sakura acercándose a ella al atravesar la cafetería.
—¿Ah? —Akane fingió concentrarse de nuevo en el libro—. Chicas, ¿cómo están?
—¿Estás estudiando? ¿Por qué no nos dijiste? También necesito repasar esos ejercicios —comentó Minako sentándose a su lado.
—Bueno, yo… tenía un espacio libre entre clases —dijo Akane dando un sorbo a su té, que estaba horriblemente tibio, pero se lo tragó igual como si no pasara nada.
Sakura también se acomodó en la mesa con Akane y sus amigas y las tres levantaron la cabeza al escuchar algunos aplausos.
—¡Te lo dije! Saotome es el mejor.
—Vaya, pero esa fue fácil, quisiera ver cuando se encuentre con el chino Wei Lei, o con Masakazu Imanari.
—Verás que también gana.
Akane miró la pantalla del televisor, donde mostraban el nombre de Ranma como ganador de la contienda, mientras en ese momento ambos contrincantes se saludaban con una reverencia.
De nuevo, y como casi siempre hacía, Ranma había ganado. Akane lo había visto en casi todos sus enfrentamientos en distintas ligas; a pesar de que él era un idiota, todavía seguía siendo el mejor en lo que sabía hacer, y hasta el momento Akane no había encontrado a alguien más que admirar que fuera tan bueno y maravilloso en artes marciales.
De pronto, en la televisión salió el sonriente rostro de Shampoo festejando la victoria de su esposo y la casi sonrisa en la cara de Akane se borró de golpe. Se concentró en su libro.
—Vamos a estudiar —dijo bruscamente.
.
.
—Muy bien, muchacho, estuviste muy bien —comentaba Shota Takeda en el vestuario, alzando la voz lo suficiente para que se escuchara por encima del ruido del agua mientras Ranma se duchaba.
—No estuvo perfecto —comentó Ranma, con los ojos cerrados, disfrutando del agua caliente que se deslizaba por su cuerpo.
El último de los competidores salió del vestuario junto a su entrenador. Takeda se movió hacia las duchas y con una mirada corroboró que Ranma estaba alejado de él y no podía verlo.
—Es verdad —comentó el manager—, tendrás que trabajar mejor en tu velocidad.
Mientras hablaba, metió la mano en el bolso deportivo de Ranma y hurgó en su interior con dedos ágiles.
—¿Estabas distraído por algo, Ranma? —siguió hablando Takeda. Al mismo tiempo sacó el paquete de calmantes para el dolor del bolso de Ranma y se lo guardó en el bolsillo derecho del saco.
La respuesta tardó en llegar, tanto que Shota Takeda miró por sobre su hombro para corroborar que Ranma no estuviera observándolo; pero no había nadie, y el agua de la ducha seguía corriendo.
—No, ¿por qué lo dices? —respondió al fin Ranma.
Takeda sacó del bolsillo interior de su saco otro paquete de pastillas bastante similares a las anteriores y las colocó en el bolso. Volvió a dejar todo tal y como estaba y se sentó en uno de los bancos de madera del vestuario a esperar.
—Solo me pareció —replicó el manager—. ¿Ha estado todo bien últimamente? ¿Hay algo que te preocupe?
Takeda sacó un cigarrillo de su cajetilla y se lo pasó bajo la nariz aspirando su aroma.
—Si es así, solo debes hablar conmigo, Ranma, recuerda que estoy para ayudarte —siguió diciendo con los ojos cerrados.
Al abrirlos se dio cuenta de que el sonido del agua se había ido y Ranma estaba ante él con una toalla alrededor de las caderas.
—No pasa nada, estoy bien —le dijo el muchacho mirándolo a los ojos.
Takeda le sostuvo la mirada un momento y al final asintió con la cabeza.
—Si me permites, te espero afuera. Necesito fumar un cigarrillo.
Se levantó y salió, echando una última mirada al bolso, del que Ranma estaba sacando el desodorante.
.
.
Nabiki Tendo llegó a la dirección que estaba buscando y levantó la cabeza para leer en el cartel el nombre del local: «Ahiru-hanten». Hizo una pequeña sonrisa y entró. Eligió una mesa cerca de uno de los rincones, el lugar era pequeño, había varios comensales, aunque no tantos considerando que era la hora pico de atención en aquellos sitios por ser la hora de la comida. Se notaba que era un lugar nuevo y bastante pequeño, que recién comenzaba a hacer su clientela fiel.
Dos personas eran las que atendían al público, un muchacho y una chica bastante bella, de largo cabello negro trenzado muy artísticamente, que sonreía a cada uno de los comensales mientras repartía las bandejas de aquí para allá, y era la que también iba y venía hacia la parte de atrás, seguramente la cocina, donde debía haber alguien más ayudando a preparar la comida.
Nabiki tuvo suerte, fue el muchacho el que se acercó a su mesa a atenderla.
—Buenos días, señorita. ¿Desea ver el menú o sabe lo que va a ordenar?
—Hola, Mousse —saludó Nabiki—, mejor déjame el menú.
El muchacho dejó de actuar en automático como hacía con todos los clientes y la miró directamente a los ojos.
—¿Nabiki Tendo?
—Así es, me alegro de que me reconozcas, parece que no he cambiado tanto en este tiempo.
—Tu aguda mirada sigue siendo la misma —comentó Mousse dejando el menú ante ella.
Nabiki sonrió divertida.
—Tomaré eso como un cumplido, ¿no?
Mousse asintió gentil sin decir nada y se retiró. Nabiki leyó la carta y levantó los ojos de vez en cuando para observar alrededor. Mousse destacaba siendo más bien las relaciones públicas del establecimiento, llevaba platos a las mesas y se acercaba cada tanto a cruzar algunas palabras de forma cortés con la clientela. Otro rasgo de que intentaba acaparar clientes a través de la buena atención.
Nabiki se decantó por el clásico ramen. Pero Mousse ya no se acercó a ella, la que le tomó el pedido y luego le trajo la comida fue la chica, que sonrió solícita. Nabiki le devolvió la sonrisa. Obviamente era la pareja de Mousse, ¿la novia quizá? ¿O se habrían casado? Intentó buscar anillos en sus dedos, pero no alcanzó a ver nada. Sí observó que, de tanto en tanto, ellos cruzaban algunas palabras cuando se encontraban andando por el local, entre las mesas; se sonreían, o se decían apenas unas palabras, y siempre los ojos de la chica brillaban y apartaba el rostro, sonrojada.
Al parecer Mousse la estaba evitando Nabiki había terminado de comer y él se había mantenido distante.
Después de pagar, cuando la chica fue a recogerle los platos, Nabiki le sonrió.
—Estaba delicioso —dijo—, le hablaré a mis amigos de este lugar, es muy agradable. Me lo recomendaron hace poco, ¿hace mucho que abrieron?
—Muchas gracias, señorita, abrimos hace poco más de un mes. La esperamos cuando quiera, y a sus amigos también.
—Sin duda volveré —sentenció Nabiki sonriendo para sí misma—. Me sorprendí de encontrar a un viejo conocido aquí, ¿no te lo comentó Mousse? Solíamos ser vecinos.
—Vaya, no me dijo nada —la muchacha bajó la mirada y se ocupó en dejar todos los platillos sobre la bandeja, pero Nabiki percibió el suave sonrojo.
—Debe estar muy ocupado, pero me gustaría saludarlo antes de irme, ¿se lo puedes decir? —dijo Nabiki con su mejor sonrisa.
La muchacha asintió y le devolvió la sonrisa.
Al irse a la cocina se cruzó con Mousse y le susurró unas palabras al oído, el muchacho miró hacia la mesa de Nabiki y ella le devolvió la mirada. Al final Mousse asintió y caminó lentamente hasta su mesa.
—¿Qué quieres, Nabiki Tendo? —le preguntó sin vueltas.
—¿No me subestimas, verdad, Mousse? —dijo Nabiki riendo—. Por favor, siéntate un momento, tenemos que hablar.
—Lo siento, no tengo tiempo.
La periodista echó una mirada alrededor.
—Ya pasó la hora de comer y está bajando el público, Mousse, yo diría que esa jovencita tan simpática puede encargarse sola de todo por unos minutos.
Mousse se acomodó los anteojos y se sentó frente a ella.
—¿Qué quieres? —repitió.
—Información —respondió Nabiki—, ¿por qué me rehúyes?
—Lo único que tenemos en común es todo lo que ocurrió cuando vivíamos en Nerima, y no quiero que me lo traigas a la memoria, por eso.
—Pues no estás de suerte —replicó Nabiki—, necesito tu colaboración.
—¿Para qué?
—Digamos… desentrañar un misterio —Nabiki lo miró perspicaz.
Mousse frunció el ceño.
—Supongo que no tuviste nada que ver con la cura que la anciana Cologne y tu adorada Shampoo le dieron a mi hermana Akane, ¿verdad?
Mousse resopló.
—Sería tonto que las hubieras ayudado a atrapar a Ranma —siguió Nabiki—, sin embargo, ¿no habrás estado en contacto con esa cura? ¿No podrías decirme algo sobre ella?
—Te dije que no quería volver a recordar nada de esto —comentó Mousse de mal humor y apoyó las manos en la mesa dispuesto a levantarse.
—¿Por qué? ¿Tuviste algo que ver? —inquirió Nabiki mirándolo a los ojos.
—Que Shampoo y Cologne se aprovecharan de la condición de tu hermana para atrapar a Ranma fue algo vergonzoso, y con lo que no estuve de acuerdo —sentenció el muchacho.
—¿No estuviste de acuerdo por el plan o porque hacía que Shampoo se casara con Ranma y no querías eso? —Nabiki se reclinó en su silla—. Creo recordar que una vez secuestraste a Akane y amenazaste con mojarla con el agua del estanque del pato ahogado. ¿O será que me falla la memoria?
Mousse apartó la vista.
—Eso no es algo que me enorgullezca —dijo—. Es verdad, hice esas cosas, era un adolescente atolondrado e inexperto, y estaba cegado por un amor tóxico; yo mismo daba vueltas cada día en un círculo vicioso y pretendía quedarme cerca de alguien que solo me lastimaba y me traía tristeza. Afortunadamente me di cuenta a tiempo, aquella treta de Shampoo y Cologne me mostró la verdadera cara de esas amazonas, me hizo ver que no se detendrían ante nada. Ranma Saotome y yo éramos rivales, sí, contrincantes; muchas veces lo desafié a luchar, usé trucos y trampas, es cierto, pero solo quería una batalla honesta y ganarle limpiamente para poder demostrarle a Shampoo, y a mí mismo, que era más fuerte que Saotome.
—Si admites que usaste trampas y trucos, ¿en qué te diferencias de ellas entonces? —preguntó Nabiki—. Tú también eres un amazona, ¿o no?
Mousse soltó una risa seca y Nabiki lo miró sorprendida.
—Pues técnicamente lo soy —respondió Mousse sonriendo—, pero para ellas ningún hombre es realmente un amazona, nosotros somos inferiores a las mujeres en todo, hasta en nuestro derecho a denominarnos miembros de la tribu.
—Un pensamiento muy extremista, ¿no? —inquirió Nabiki impactada.
—No tanto; al salir de la tribu y conocer más del mundo me di cuenta de que muchas otras sociedades son iguales, excepto que son los hombres los que oprimen a las mujeres y no al revés como en la aldea Joketsuzoku.
Nabiki lo miró largamente, al final Mousse se echó hacia adelante.
—Yo nunca me hubiera comportado como ellas —dijo—. El matrimonio es una unión sagrada que debe hacerse por el deseo mutuo de planificar una vida en común, no debe ser por obligación o por la fuerza con amenazas, nada bueno saldrá de ahí. Tu padre, Nabiki Tendo, y ese otro hombre-panda también estaban equivocados al querer casar a Ranma y Akane a la fuerza, aunque hubiera amor no es algo que deba forzarse.
—En eso estamos de acuerdo —accedió Nabiki—, dos mocosos de dieciséis nunca hubieran llegado a buen puerto casados.
Mousse asintió.
—Opino como tú, Mousse —siguió diciendo Nabiki—, el matrimonio no puede forzarse, y jamás debe sostenerse solo por amenazas. Por eso quiero librar a Ranma de ese martirio, porque él está atrapado con Shampoo en una relación tóxica, igual que tú hace años. ¿Entiendes?
—Entiendo, Nabiki Tendo, pero no puedo ayudarte en nada. Rehíce mi vida, intento ser una persona normal, tengo un pequeño negocio y me casé.
—Vaya, te felicito —le sonrió Nabiki—. Supongo que esa simpática jovencita es tu esposa.
—Yuki es mi esposa —asintió Mousse—, y me quiere por lo que soy.
—Tu negocio es bastante bonito también —indicó Nabiki—, interesante el nombre del local —comentó.
Mousse no respondió nada.
—Escucha, te propongo un trato —dijo Nabiki acodándose en la mesa—, veo que estás recién comenzando, hacerse una clientela toma tiempo, y nunca se sabe si irá bien, ¿verdad? Supongo que invertiste mucho capital para esto, ¿o acaso te hiciste rico?
—¿Adónde quieres llegar, Nabiki Tendo?
—Puedo ayudarte a progresar en tu negocio, invirtiendo y dándote algunos consejos.
—¿Eres empresaria? —preguntó Mousse levantando una ceja.
—Digamos que ese es mi hobby —respondió Nabiki.
Mousse la miró extrañado.
—A cambio no te pido mucho, solo quiero que me digas todo lo que sabes sobre esa mágica cura que le dieron a mi hermana Akane —siguió Nabiki—. No creo en milagros y sospecho mucho de Cologne y Shampoo.
—Harías bien en sospechar, siempre —dijo Mousse críptico.
—¿Qué es lo que sabes?
—No sé nada —se sinceró el muchacho—. Esa cura me sorprendió tanto como a cualquiera de ustedes, pero tampoco conocía tanto sobre los remedios chinos más ancestrales, tendría que ser tan anciano como Cologne, y ni siquiera así terminaría de aprender sobre las hierbas mágicas chinas.
—Pero quizá puedas averiguar algo —insistió Nabiki.
Mousse desvió la vista de nuevo, para cruzarla con su esposa, que desde el otro lado del restaurante le sonrió.
—No te decidas ahora, Mousse, quizá quieras conversar con tu esposa sobre la inversión que te propongo —Nabiki le pasó una tarjeta por encima de la mesa y Mousse la tomó.
—¿No es un periódico? —preguntó.
—Ahí trabajo, puedes llamarme cuando quieras; pero no te preocupes porque volveré a visitarte —dijo Nabiki levantándose.
—Yo… —Mousse dudó volviendo a mirar la tarjeta.
—Hasta luego, Mousse.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué te pareció?