ぶぎゅる en pixiv
Shampoo caminaba por los pasillos internos del estadio, entre el público que iba llegando para observar los enfrentamientos de ese día; faltaba todavía media hora para que fuera la pelea de Ranma.
Divisó a Shota Takeda a la distancia y se acercó a él. El hombre la saludó con una de sus típicas sonrisas arrogantes. Ella fue directo al grano.
—¿Dónde pasó la noche Ranma? —dijo.
Takeda alzó una ceja divertido.
—¿Y yo cómo voy a saber? ¿No eres tú su mujer? —replicó el manager.
—Necesito que lo averigües —ordenó Shampoo.
—No soy tu sirviente, preciosa —le recordó el hombre—. Mejor dime qué es lo que está ocurriendo. Ranma llegó hace apenas un rato, no me dijo nada, apenas me informa de lo que hace. Además, ¿no has visto esto?
Le pasó un periódico doblado en la sección de deportes donde había una fotografía de Ranma con el título: «Ranma Saotome habla en exclusiva de su duro entrenamiento por Japón. Técnicas milenarias, ¿qué es el neko-ken?». Shampoo abrió los ojos sorprendida y leyó los créditos bajo el título: «entrevista realizada por Nabiki Tendo».
—Creí que Ranma se había entrenado en China y por eso tiene su base en Shanghái —comentó Takeda—, y que fue en China donde se conocieron ustedes. Al parecer fue su padre el que lo entrenó, y viajaron por todo Japón durante años, y es literal, al parecer era apenas un chiquillo cuando su padre se lo llevó a entrenar. Dime, Shampoo, ¿qué tienes que decir? ¿Dónde está el padre de Ranma?
—No lo sé, hace años no lo vemos —dijo la amazona devolviéndole el periódico.
—Extraño que Ranma nunca haya dicho nada sobre cómo se convirtió en artista marcial, y ahora habla sobre varios detalles en esta nota. Me habías dicho que él no tenía familia, que era fácil engatusarlo para ser su manager —dijo Takeda con voz dura—, que desde niñito se había criado en China y allí lo conociste. ¿Eran puras mentiras?
—Nuestro trato se mantiene, Takeda —dijo Shampoo mirándolo a los ojos—. No hagas caso a las estupideces que publica la prensa.
—La periodista es Nabiki Tendo, y es una de las mejores, lo estuve averiguando; además, el Mainichi nunca publicaría un montón de mentiras, creo que es de fiar —siguió Takeda—. Casualmente, Nabiki Tendo es la misma persona que no querías que Ranma viera, ¿o la memoria me está fallando?
Shampoo entrecerró los ojos.
—¿Y qué? —se acercó un poco más a él para hablar en voz más baja—. No importa nada de eso, las cosas fueron como te dije, ¿o no? Ranma era un idiota al que podías manejar como quisieras y sacarle dinero, por casi tres años te hiciste rico a costa de él y nunca se dio cuenta, ¿verdad? ¿De qué te quejas?
Takeda miró en ambas direcciones y esperó a que pasara un grupo de gente delante de ellos antes de responder.
—Ranma ha cerrado sus cuentas bancarias —murmuró.
—¿Qué? —exclamó Shampoo.
—Ha cambiado sus claves y cancelado sus tarjetas bancarias, no puedo acceder a sus cuentas. Quizá incluso piense en cambiarse de banco.
—No… no puede ser —susurró Shampoo con la boca abierta.
—Mira, no sé qué está pasando —dijo Takeda—, tampoco sé por qué intentas drogar a tu esposo cambiándole las pastillas, ni me interesa. Lo que sé es que parece que Ranma está intentando alejarse de ti lo más posible, y que eso también me afectará a mí, pero yo no quiero caer contigo, preciosa.
—¿Qué estás diciendo, Takeda? —dijo Shampoo entre dientes.
—Quiero que me consigas una buena suma de dinero y me iré —dijo el hombre—. No te molestaré más, pero no pienso irme con las manos vacías, y mucho menos esperar a que este barco se hunda. Consígueme el dinero para esta noche.
—No pienso hacerlo —replicó Shampoo en seguida sonriendo—. ¿Quién te crees que eres? Sin mí no serías nada, ¿te invité a este negocio y ahora pretendes quedarte con el dinero? Confórmate con lo que les has robado a Ranma todos este tiempo y vete si quieres, huye como la rata que eres —le dijo con desprecio.
—Vaya, vaya, ¿una boca preciosa como la tuya usando ese lenguaje? —Takeda rio—. Me incluiste en el negocio porque necesitabas alguien con quien revolcarte, por eso, ¿crees que no lo sé? Ranma debía viajar a competencias por toda Asia, tantas ciudades distintas donde no conocías a nadie, pobre Shampoo, ¿quién iba a consolarla en las noches frías si su esposo no le ponía ni un dedo encima?
—¿Cómo te atreves, imbécil? —le espetó la amazona.
—Ah, pero no me malinterpretes, el trato fue bueno por ambas partes, te lo aseguro —Takeda la recorrió con la mirada—. Pero he dejado de obtener beneficios, así que mejor consígueme el dinero. De lo contrario...
—¿Qué?
—Pues… si Ranma quisiera divorciarse de ti creo que estaría muy interesado en que le cuente cómo lo has engañado todo este tiempo y te has acostado conmigo bajo sus narices sin ningún reparo —dijo Takeda lentamente, y se sonrió.
—Si me traicionas te arrepentirás —amenazó Shampoo.
—Te doy hasta mañana por la mañana —dijo Takeda—. Dame el dinero y ya no te molestaré.
Shampoo apretó los dientes afilando la mirada.
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Nabiki estaba en su escritorio garabateando en el margen de la hoja que el doctor Nakamatsu le había dado. De vez en cuando daba golpecitos con el lápiz sobre el papel y se pasaba la mano por el cabello, desordenándolo un poco. No podía encontrar la clave, por más que pensaba y le daba vueltas al asunto, no entendía cómo aquella tonta mezcla de hierbas había podido hacer algo en el grave caso de Akane.
—Tendo, tienes una llamada —le avisó la secretaria de redacción.
Nabiki levantó la cabeza distraída.
—¿Yo?... ¿Quién es?
—El señor… —la secretaria leyó un pequeño papel donde había garabateado el nombre— Kenobi.
—¿Kenobi? —Nabiki frunció el ceño.
—Eso, Kenobi, Obiwan.
—¿Qué diab…? Ah, sí… sí, debe ser una de mis fuentes —explicó rápidamente antes de levantar el auricular—. ¿Hola?
—Nabiki, soy Ranma.
—Eso supuse —replicó ella torciendo los labios—. ¿No podías usar un nombre más realista?
—Me dijiste que usara uno inventado.
—¡Pero uno japonés! —se quejó ella—. Bah, como sea, si llamas por lo del periódico…
—¿Qué periódico?
—Ah… pues, verás —Nabiki se pasó la mano por la frente—, todavía necesito conservar este trabajo, así que tuve que entregar una entrevista que supuestamente tú me diste.
—¿Yo? Pero si yo…
—Lo sé, lo sé. Pero, escucha, estoy invirtiendo mucho de mi tiempo resolviendo tu problema y tenía que justificar con algo mi ausencia en el trabajo. No te preocupes, solo escribí algo sobre tu entrenamiento por Japón y cómo tu padre te exponía a severos peligros para hacerte el luchador que eres. No es nada del otro mundo.
—¡Van a creer que estoy loco! Por eso nunca conté nada sobre mi entrenamiento, además, si supieran las cosas locas y vergonzosas que mi viejo me hizo hacer…
—Nah, no te preocupes, suavicé lo del Neko-ken y lo convertí solo en una leyenda urbana.
—Nabiki…
—Si no llamabas por eso entonces, ¿qué ocurre? —le cambió ella de tema.
—Me cambié de hotel, te daré el nombre y la dirección.
—¿Y eso?
—Solo… tuve que hacerlo. Ya no soporto a Shampoo; y ayer vi a mi madre y…
—¿Hablaste con la tía Nodoka? —se asombró Nabiki.
—No, solo la vi de lejos. Pero la vi muy demacrada, siento como si hubiera envejecido mucho desde que no la veo y yo… Nabiki, ya no soporto esto, necesito escapar de esta situación. Creí que hacía bien cuando hice ese trato con Shampoo y Cologne, que solamente sufriría yo y todos estarían bien, pero… no fue así. Mi madre sufre, Akane también. Hice todo mal, lo admito, pero…
—Tranquilo, Ranma, te entiendo. Pero no te desesperes ahora, es un momento crucial. No puedes alejarte así de Shampoo o sospechará.
—Le diré que tenía que concentrarme más. Y es verdad, estoy durmiendo mal, me costó bastante ganar la pelea de hoy y pasar a la siguiente fase; no estoy rindiendo como debería.
—Bien, usa eso como excusa, y aguanta un poco más —dijo Nabiki—. Por cierto, ¿tenías dinero para el hotel?
—Llevaba un poco de efectivo encima, sí, ¿por qué?
—Congelé tus cuentas bancarias, Ranma. Fue un movimiento para evitar que Takeda continuara haciendo sus movimientos, descubrí que estaba moviendo fondos de tus cuentas a otras varias, algunas eran suyas, pero había otra que pertenecían a organizaciones en Shanghái, Pekín y en Macao. Sospecho que son meras fachadas para la tríada.
—Ese maldito… ¿Cómo no me di cuenta antes?
—No te preocupes, tengo todo cubierto. Concéntrate en ganar esta liga, Ranma, así tienes algo que presumirle a mi hermana cuando tengas que endulzarle los oídos.
Ranma no respondió por algunos segundos y Nabiki sonrió divertida al imaginárselo sonrojado.
—Nabiki, ¿has podido averiguar algo?
—Pues… sí, y no. Hay un pequeño misterio aquí, pero pronto lo descubriré. Sabes que nada se le escapa a Nabiki Tendo.
Pudo escuchar el suspiro de Ranma desde el otro lado de la línea.
—Eso espero.
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Kasumi tomó la hoja y leyó la lista de componentes que estaban escritos en latín, al lado de cada uno Nabiki había escrito en prolijos kanjis el nombre común de cada una de esas plantas. Igual que para su hermana, aquello no tenía ningún significado para Kasumi.
—No puedo entenderlo, Nabiki —Kasumi bajó la hoja y la miró a los ojos.
Frente a ella, sentada con las piernas dobladas a la mesita baja de la sala, en el dojo Tendo, Nabiki comía un paquete de papitas con la mirada perdida.
—Yo tampoco, Kasumi —respondió ella—. He llegado a un punto muerto.
—No me puedo imaginar cómo reaccionará Akane cuando se entere de esto —comentó Kasumi preocupada—. Su vida cambiará completamente.
—Es verdad, y por ahora prefiero no pensar en eso —dijo Nabiki—. Me concentraré en el problema actual; es mejor que le dé a Akane un rompecabezas con las piezas ordenadas.
—Entiendo, pero… ¿qué podemos hacer con esto? —preguntó Kasumi sosteniendo la hoja.
Nabiki se encogió de hombros mientras masticaba una papa.
—¿Y si le consultamos al doctor Tofú? —sugirió la hermana mayor.
—No creo que nos pueda ayudar, él mismo dijo que el caso de Akane sobrepasaba sus conocimientos —replicó Nabiki—. Además, Tofú solo es acupunturista. Este brebaje es de fabricación amazona.
Kasumi se quedó en silencio un momento y solo se escuchaba el ruido que hacía Nabiki al masticar.
—¿Y si realmente es un placebo? —se preguntó Nabiki en voz alta.
—En ese caso, ¿no tendría que haber estado consciente Akane a la hora de tomarlo para que funcionara? ¿No es eso lo que hace un placebo?
—En eso tienes razón —asintió Nabiki suspirando.
—Si realmente fuera un placebo y fuera totalmente inocuo… —Kasumi dudó—, ¿no sería malo que le dijéramos la verdad a Akane? Quizá la enfermedad vuelva.
Nabiki la miró a los ojos y después le sonrió para tranquilizarla.
—Descuida, Kasumi, no creo que ese sea el caso. Estoy segura de que esto en verdad funciona —dijo tomando la hoja y volviendo a leer lo que decía—, solo hay que descubrir cómo.
Nabiki volvió a comer una papita detrás de otra mientras pensaba. Kasumi se mordió los labios.
—¿Y si… si Akane en verdad se curó? —preguntó Kasumi.
—¿Qué quieres decir exactamente? —inquirió Nabiki.
—Todo fue un plan para atrapar a Ranma, ¿verdad? ¿Qué tal si usaron la enfermedad de Akane a su favor? Quizá sabían que Akane en realidad se recuperaría, que solo era cuestión de tiempo, pero le hicieron creer a Ranma que ellas tenían la cura.
Nabiki parpadeó.
—No puede ser —respondió—, la cura realmente funcionó, Akane comenzó a mejorar cuando se la administraron. Además, un plan así solo hubiera funcionado si ellas…
Nabiki se quedó quieta, con la papita en la mano, a un paso de metérsela en la boca.
—¿Qué ocurre? —quiso saber Kasumi.
—Si ellas… si ellas realmente lo hicieron, yo… —Nabiki apretó la mandíbula.
Tiró la papita de nuevo en el paquete mientras se levantaba.
—Nabiki, ¿a dónde vas?
—Necesito hablar con alguien —respondió la chica. Dobló la hoja de papel y se la guardó en un bolsillo—. No me esperes para la cena.
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El «Ahiru-hanten» estaba un poco más lleno a esa hora. Nabiki entró y se abrió paso hasta Mousse, que iba y venía cargando con una pesada bandeja llena de platos.
—Mousse, necesito hablarte.
—Ahora no puedo, Nabiki Tendo —respondió el muchacho.
—Es muy importante —insistió Nabiki.
Mousse le echó una ojeada, se dio cuenta de que estaba un poco pálida y con el cabello revuelto, y tenía unas líneas violáceas bajo los ojos como si no hubiera dormido bien.
—Realmente no puedo ahora —dijo el chico—, solo somos Yuki y yo para atender todo. ¿Puedes esperarme un par de horas?
—De acuerdo —dijo Nabiki de inmediato.
Mousse creyó que se iría y volvería más tarde, pero Nabiki se quedó de pie junto a la puerta, moviendo un pie y después el otro, a veces con la mirada perdida en el vacío, y luego, por momentos mordiéndose los labios con nerviosismo. Cuando las mesas comenzaron a vaciarse, Nabiki se sentó en una en un rincón y siguió esperando hasta que Mousse pudo limpiarse las manos y venir a sentarse con ella.
El muchacho se acercó, venía sosteniendo por el platillo una taza de té que le dejó enfrente.
—¿Y eso? —preguntó Nabiki alzando las cejas.
—Manzanilla con miel —respondió Mousse—. Dice Yuki que parece que lo necesitas.
Nabiki buscó con la mirada a la esposa de Mousse que hizo una pequeña inclinación de cabeza y le sonrió. Ella le devolvió el gesto.
—¿Tan mal me veo? —preguntó tomando un sorbo del té, que de inmediato la hizo sentir mejor.
—Sería descortés decirle algo así a una mujer —replicó Mousse.
Nabiki levantó las cejas mientras tomaba un poco más de té.
—Escucha, estoy ocupado, no he podido averiguar nada sobre lo que me pediste, y sinceramente no sé cómo podría —dijo el muchacho—. Lo lamento, pero no puedo ayudarte, Nabiki Tendo.
—Te tengo un acertijo más fácil —dijo ella sacando el papel de su bolsillo y desdoblándolo para mostrárselo a Mousse.
Él la leyó atentamente frunciendo el ceño.
—¿Qué es esto?
—Lo que componía la medicina que Cologne y Shampoo le dieron a Akane —explicó Nabiki—. ¿Significa algo para ti?
Mousse negó con la cabeza.
—No sé de componentes de remedios chinos. De hecho, no sé preparar ninguno, solo sé utilizar los que vienen hechos —respondió.
—Muy bien —siguió Nabiki—, pero ¿qué tal si ellas sabían exactamente cuál era el mal de mi hermana y le dieron esta medicina para recuperarse? ¿No te suena de algo esta cura? ¿No te dicen nada estos ingredientes?
—Pues… en realidad, no —Mousse volvió a mirar la hoja y se detuvo un momento. Después puso la palma de la mano encima, tapando el listado de nombres en latín y dejando solo los nombres vulgares de las plantas—. Esto es… solo una mezcla de hierbas —murmuró con voz sepulcral.
—Sí, solo una mezcla de hierbas que parece bastante inocua —asintió Nabiki—. ¿Existe alguna enfermedad que esta mezcla precisa pueda curar milagrosamente?
—No —dijo Mousse muy serio.
—¿En serio? —Nabiki pareció desplomarse—. Tenía la certeza de que lo había resuelto. Parece una mezcla de hierbas común y corriente, pero pensé que quizá podían curar una enfermedad precisa. Sin embargo, la única manera de poder dar una cura tan precisa a un mal es sabiendo exactamente qué mal es ese. Y hay solo una manera de saberlo: si ellas mismas habían provocado esa enfermedad.
Mousse se ajustó los anteojos.
—Nabiki Tendo, esto no es una cura —dijo—. Es un antídoto.
—¿Antídoto? ¿Como para un veneno? —Nabiki frunció el ceño.
Mousse asintió.
—Akane Tendo fue envenenada —afirmó Mousse.
—No puede ser —dijo Nabiki—. Akane enfermó, tenía la misma enfermedad de la que murió mi madre.
—Lo lamento —dijo Mousse—, entonces eso fue precisamente lo que ayudó a que Cologne y Shampoo usaran el veneno en ella.
—Explícate.
Mousse tomó aire y comenzó a hablar.
—Se dice que hace varios siglos, un emperador de China se enamoró de una mujer amazona y la convirtió en parte de su harén. Los planes de la amazona eran convertirse en la esposa del emperador y así acceder al trono, para lograrlo intentó ser la mejor amante y mantener al emperador siempre en su cama para que no buscara a las demás concubinas. Sin embargo, pasaba el tiempo y la amazona no se embarazaba, así que ante la falta de descendencia, el emperador se aburrió y comenzó a visitar a las otras concubinas y en poco tiempo una de ellas quedó encinta.
»Una amazona jamás aceptaría la derrota, y tampoco aceptaría ser incapaz de algo. La verdad, ante las circunstancias, es que la amazona era infértil y nunca habría podio darle un hijo al emperador, pero sus ambiciones no tenían límites. La amazona mató a la concubina para evitar que se convirtiera en la favorita del emperador y que con el tiempo su hijo heredara el trono.
»Sin embargo, el emperador descubrió lo que hizo, así que para evitar ser condenada, la amazona también mató al emperador envenenándolo. Claro que, para evitar ser descubierta, utilizó un veneno ancestral de fabricación amazona, muy poderoso, y además, indetectable, porque lo que hace el veneno es simular los síntomas de una enfermedad del corazón. La víctima elimina la sustancia con el pasar de las horas, pero el deterioro en el cuerpo ya está hecho, y sigue avanzando, hasta lograr matar.
—¿Es eso posible? —preguntó Nabiki asombrada.
—Yo creí que era solo una leyenda —admitió Mousse—, pero veo que puede ser cierto. Aquí está la prueba, el antídoto a ese extraño veneno es una mezcla de hierbas que parece totalmente inofensiva. En teoría, por sí misma, realmente es solo una mezcla de diversas hierbas que en otras circunstancias podrían usarse para tratar un dolor de estómago; pero cuando esas hierbas son ingeridas por la persona envenenada y los componentes dentro del cuerpo entran en contacto con los residuos que deja el veneno, comienza a hacer efecto. Podríamos decir que comienzan a funcionar como si fueran los glóbulos blancos del cuerpo, combatiendo el veneno y los daños que este haya ocasionado.
—Así que el antídoto pasa bastante desapercibido, igual que el veneno —murmuró Nabiki—. Podría decirse que es magia.
Mousse asintió lentamente.
—¿De verdad es posible que le hayan hecho esto a Akane? —preguntó después.
—Si me lo hubieras preguntado simplemente, te diría que son cuentos de la aldea Joketsuzoku —dijo Mousse—. Pero esta es la prueba —levantó la hoja que aún tenía entre las manos—, si esto realmente funcionó con Akane Tendo quiere decir que ella estaba envenenada.
—Esas… —Nabiki se llevó las manos a la frente y se tomó el cabello— esas malditas zorras envenenaron a mi hermana —murmuró.
De pronto, se levantó.
—Gracias por tu ayuda, Mousse —dijo—. Créeme que no la olvidaré.
—Espera, no te precipites —aconsejó Mousse—, si esto ocurrió, quiere decir que Shampoo y su bisabuela están dispuestas a cualquier cosa. Es mejor que toda tu familia se cuide, no los pongas en riesgo actuando sin pensar.
—Oh, no —Nabiki sonrió de una manera que a Mousse le hizo sentir un escalofrío—. No te preocupes, yo nunca actúo sin pensar. No solo Akane, toda mi familia ha sufrido mucho, y eso merece un desquite, pero siempre he sabido que la venganza se saborea mucho mejor en frío. Esas amazonas no saben a quién se van a enfrentar.
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