Y ser famosos y mostrarnos al mundo haciendo versos.
Y decir «papá, mamá, quiero ser poeta»,
y ellos «hijo, hazte ingeniero, o hazte doctor,
o abogado»;
y querer ganar dinero haciendo versos,
y encontrar un lugar entre la literatura con poemitas escritos en las hojas libres de los cuadernos
en el rato de la espera del ómnibus en la parada
mientras una señora muy chusma me mira
disimulada
tratando de saber qué escribo.
Al menos no quisimos
porque ¡qué difícil!
Conseguir la casita en Chiloé haciendo versos
¡qué difícil!
dejar de pensar en ahorrar para las cuentas del mes siguiente
y dejarnos descuerar libremente por críticos resentidos
que solo dirían de mi poema que es la influencia
de Benedetti,
y que se nos valore, se nos lea, se nos quiera
solo siendo poetas.
Al menos, querido mío, no quisimos ser poetas
y salimos al mundo a mostrarnos
con la caparazón de la prosa,
esa que vende más.
Al menos decidimos ser poetas solo para nosotros mismos.
Yo para vos,
tú para mí.


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