Chicas

 




天沢みかん en pixiv

















Chicas







Cuando entraron en la discoteca las luces las cegaron durante un momento largo, y Akane se vio envuelta por la música ensordecedora. Ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado ir, pero sus amigas Yuka y Sayuri insistieron tanto que tuvo que terminar aceptando, antes de que la catalogaran como la vieja amargada y antisocial. Sí, de vez en cuando aceptaba alguna de sus invitaciones para ir a bailar, solo para que dejaran de molestarla por ser una chica que prefería estar en casa. Aquella vez, afortunadamente sería la última, porque ya terminaban la preparatoria y marcharían a la universidad, cada una por su lado. Como si ella necesitara ir a las discos para conseguir novio. Estaba comprometida desde los dieciséis años, aquello ni se le pasaba por la cabeza.

Poco a poco se fueron acostumbrando a las luces y el sonido, y Sayuri y Yuka se movieron al ritmo para ir integrándose a la masa de gente que bailaba. Akane las imitó.

De pronto Yuka le gritó algo en el oído a Sayuri, que hizo un gesto, y después se dio la vuelta para gritárselo a Akane.

—Creo que es por allá —le dijo, y señaló más adelante.

—¿Qué es por allá? —gritó a su vez Akane, ajena a todo el asunto.

Pero sus amigas ya avanzaban y la dejaban sola, así que se apresuró a seguirlas.

En un rincón un poco más despejado vio a Shampoo, Kodachi y Ukyo mirando a todas partes, una pensando que tenía mejores cosas que hacer, la otra en su salsa y la tercera incómoda.

—¿Qué hacen aquí? —gritó Akane, para hacerse escuchar, acercándose a Ukyo.

—Yuka y Sayuri nos invitaron —respondió Ukyo, que mantenía los brazos cruzados y vestía con ropas masculinas—, dijeron que era como una despedida de curso y… porque…

Hubo tramos de lo que Ukyo le decía que Akane no llegó a captar por el ruido, la música crecía y decrecía en estridencia por momentos; las luces cambiaban girando a un lado y otro, mareándola.

Se quedaron todas bailando juntas. Shampoo usaba uno de sus apretados y cortos vestidos. Kodachi lucía elegante con su larga coleta negra y una de esas yukatas-vestido que le gustaba usar, aunque parecía no relajarse del todo en aquel ambiente.

Casi no podían hablar por el ruido, así que se dedicaban a compartir pasos de baile, y a asentir como si hubieran entendido alguna palabra cuando una de las chicas hablaba.

Kodachi fue la primera en pedir una bebida, y Akane creyó ver que metía algo dentro del vaso y lo apuraba casi de un trago. Un rato después se la veía muy alegre, bailando y bebiendo un poco más. Conoció a algunos muchachos que parecían muy felices de comprarle tragos o lo que quisiera.

Shampoo, a su vez, bailaba bastante pegada a dos muchachos que le decían algo, aunque Akane dudaba que ella pudiera entenderles con su mal japonés. La muchacha china se contoneaba seductoramente y los hombres intentaban seguirle el ritmo. Akane vio con asombro que uno de ellos le ponía las manos en las caderas.

No parecía estar pasándola mal, pero Akane decidió intervenir de todos modos.

—Necesito hablar con mi amiga, por favor —dijo arrastrándola del brazo.

—¿Qué querer chica bruta?

—Pensé que necesitabas ayuda. ¿No te estaban acosando un poco esos chicos?

—Chicos ser divertidos, Shampoo solo jugar. Ninguno ser como Ranma, todos tontos y estúpidos, y nada fuertes —se quejó la china.

Akane la soltó y la dejó seguir con el juego sin entender del todo su actitud.

La música sonaba más fuerte. Hacía un rato que Akane había perdido de vista a Yuka y Sayuri, hasta que vio aparecer a Yuka entre la gente, haciéndole señas para que se acercara. La llevó hasta uno de los pasillos para poder hablar con más tranquilidad.

—Creo que tu amiga no se encuentra bien —le comentó.

Como Akane no comprendió de qué hablaba, la llevó hasta el baño, donde vio a Kodachi vomitando mientras Sayuri le sostenía la larga coleta para que no se ensuciara.

Akane hizo un gesto de asco.

—Pobrecita —comentó Sayuri apenada—, creo que su estómago no soportó.

—En su vaso no había solo alcohol —le confió Yuka al oído.

Entre las tres hicieron lo posible para recuperarla, mojándole la cara y dándole aire. Kodachi se recompuso arreglándose el maquillaje ya corrido y salió muy digna del baño.

Akane suspiró y volvió a la pista de baile. Llegó justo a tiempo para salvar a Ukyo de una chica que la acosaba invitándola a salir. El rostro de Ukyo era una verdadera oda.

Akane la tomó de la mano para llevársela.

—Lo lamento, pero ella está conmigo —dijo.

—Oh… —la decepción era latente en el rostro de la otra chica—. ¿Eres su novia?

Ukyo y Akane pusieron cara de circunstancia.

—¡Claro que no! Es chica, no chico —aclaró.

—Ya lo sé —sonrió la muchacha.

Ukyo prefirió salir corriendo del brazo de Akane.

Un par de horas después, Yuka y Sayuri se marcharon. Las demás, que no se estaban divirtiendo, también prefirieron irse.

Mientras andaban por la calle, Shampoo propuso entrar a un pequeño pub del camino a tomar algo.

Alrededor de la mesa, cada una saboreaba su bebida mirando por el extremo del vaso a las demás. Akane nunca creyó que se encontraría algún día en aquella situación con sus «rivales».

—¿Estás segura de que te encuentras bien? —preguntó Akane mirando a Kodachi. Todavía hablaba demasiado fuerte, acostumbrada al ruido al interior de la discoteca, además sentía la garganta un poco lastimada por subir la voz todo el tiempo.

Kodachi, sentada justo frente a ella en la mesa redonda, se acomodó el flequillo.

—Me encuentro perfectamente —respondió, aunque su cara decía todo lo contrario. Luego rio—. Esto es como un juego de niños para mí.

—¿Y tú, Akane? ¿Desde cuándo tomas alcohol? —preguntó Ukyo.

—Es solo un poco, y solo por hoy.

—Chica violenta crecer un poco —comentó Shampoo entrecerrando los ojos.

—Supongo —Akane se encogió de hombros—. Tampoco te he visto beber nunca, Ukyo.

—Pues… nunca es tarde para empezar, ¿cierto?

Todas terminaron una primera ronda y pidieron la segunda. Se miraban unas a otras, ninguna consideraba a la otra una «amiga» en el total sentido de la palabra, pero innegablemente algo las unía.

—Sinceramente nunca creí sentarme a la mesa con tales plebeyas —volvió a reír escandalosamente Kodachi.

—Nadie te obliga.

—Si querer, ir —gruñó Shampoo, ella era casi de la realeza en su aldea, nadie podía tratarla de plebeya.

Kodachi se quedó callada.

—Solo estamos juntas por Ranma —comentó Ukyo—, de otra forma…

—Ser cierto. Shampoo no compartir con chicas así de otra manera.

—Es verdad —concedió Akane.

Ranma-sama. Airen. Ran-chan. Ranma.

Cada una pensó en el muchacho de diferente manera.

—Pasar casi tres años —comentó Shampoo apurando su vaso—. Airen no aceptar casamiento con Shampoo, pero tampoco casarse con nadie más —agregó dando una mirada a Akane, que involuntariamente se sonrojó.

—Si quieres puedes irte a China, entonces —dijo en seguida Ukyo, también tomando su vaso de un trago para no ser menos.

—Shampoo no renunciar.

—Todas deberían renunciar —terció Kodachi, que hacía rato que el alcohol se le había subido a la cabeza—. Mi Ranma-sama nunca elegiría a ninguna de ustedes, están perdidas, no son un matrimonio conveniente.

—¿Qué sabes tú? —soltó Ukyo, que al igual que Shampoo pedía la tercera ronda.

—Mucho más que tú de seguro —respondió críptica con una amplia sonrisa.

—¿Y eso qué significa? —exigió Akane.

—Hablar por hablar —dijo Shampoo—. Ranma no elegir en todo este tiempo… quizá nunca hacer.

Todas se quedaron en silencio.

—¿Tú crees? —Ukyo parecía triste.

Kodachi observaba atenta a la china. Akane también decidió tomar un tercer vaso.

—Haber una sola solución.

—¿De qué hablas?

—Ser claro. Ranma no decidir, por eso, todas quedarnos con Ranma.

—¿Qué dices, chiquilla vulgar?

—Estás loca, Shampoo.

—Ni lo sueñes.

—Compartir Ranma y todas felices —sentenció Shampoo y vació su tercera bebida.

Al principio todas fueron reticentes, pero luego, con la claridad mental que da el alcohol, a las cuatro chicas les pareció la mejor idea que habían escuchado nunca. ¿Cómo no se les había ocurrido antes? Cada una podía disfrutar de Ranma y, como estaban de acuerdo, ninguna molestaría a la otra. Era una solución perfecta. Perfecta para un grupo de borrachas, claro está.

—¿Compartir dices?

—Claro. Todas ganar. Ninguna perder.

—Pero… ¿cómo lo haríamos? —preguntó Ukyo

—¡Dos días a la semana con cada una! —exclamó Kodachi, la voz un poco más chillona de lo normal.

—Pero son solo siete días —terció Akane.

—Tendrá que ser un día, y nos dividimos las horas de los otros tres. Eso creo.

—¿Y los feriados? Debemos hacer algo con los feriados.

—Creo que cada una debería tenerlo al menos un feriado.

—Shampoo querer a Ranma para el año nuevo chino. Ser primera.

—Deberíamos hacer un calendario.

—¿Con horarios?

—Hasta con reglas.

—Lo prohibido… y lo que está permitido. Muy permitido.

Durante casi dos horas perfeccionaron su plan de visitas. La mayoría recordaría poco y nada al día siguiente, pero todas quedaron muy conformes en ese momento.

Se despidieron a la salida del bar como viejas amigas que se reencontraron luego de muchos años.

.

.

Ranma se paseaba por la sala del dojo Tendo a un lado y al otro. Era demasiado tarde y Akane aún no volvía de salir con sus amigas. Por supuesto él era un idiota y debería haberla acompañado; no quería ni imaginar cómo le gritaría el tío Soun al otro día si pasaba algo.

Escuchó el ruido de la puerta y se apresuró a acomodarse en la mesita, como si hubiera estado cómodamente sentado todo el tiempo. Akane entró trastabillando, ahogando risitas no sabía por qué. Ranma no se contuvo y corrió a ayudarla cuando quería subir la escalera, no fuera a ser que se partiera el cuello.

—Akane, ¿por qué tomaste?

La chica levantó la cabeza y lo miró sorprendida, después le sonrió ampliamente, sus mejillas sonrojadas por el alcohol.

—Ranma… —murmuró como un ronroneo.

—Acuéstate pronto. Mañana seguro amaneces de un humor de perros.

—Celebramos que nos graduamos, Ranma, no seas tan aguafiestas —volvió a reír como si hubiera dicho algo muy gracioso.

—Bebiste demasiado.

—Bah.

Akane comenzó a subir la escalera lentamente, apoyada del brazo de Ranma.

—¿Te divertiste al menos? —inquirió el muchacho.

—Mucho… je,je,je… Esas tontas. De verdad se lo creyeron.

Ranma no confió en los balbuceos de un borracho, pero de igual forma preguntó:

—¿Qué creyeron?

—Ranma…

—Sí, soy Ranma —replicó él poniendo los ojos en blanco.

—Compartir a Ranma. ¡Idiotas! Como si lo fuera a permitir.

—¿Qué cosa? —intervino el muchacho en seguida.

—Les dije que sí para que se lo creyeran —se volvió a mirarlo y repitió—. Les dije que sí para que se lo creyeran je, je, je.

Ranma no entendía nada, pero le seguía la corriente.

—Qué bien.

—No pienso compartirte con nadie, eres mío —dijo Akane claramente, después volvió a soltar una risita—. Pero ese será nuestro secreto. No le digas a Ranma.

Se tomó con más fuerza de su brazo para seguir subiendo la escalera.







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