ウサダウサコ en pixiv
Cita
—¿Ranma? —llamó Akane desde el otro lado de la mesita baja.
Su esposo movió nervioso los dedos sobre la madera, tamborileando, y por fin levantó la vista.
—No hagas trampa —reclamó la mujer.
—¡Yo no hago trampa!
—Es lo que has intentado la última hora.
—No es verdad —se quejó el artista marcial.
Akane levantó una ceja.
—Es solo mi estrategia de juego.
—Si tú lo dices —Akane arrastró las palabras a propósito.
Luego se concentró de nuevo en el tablero de shogi y movió una pieza.
—Gané —sentenció sonriendo—… Otra vez —agregó después con cierto regocijo.
—¡No es posible! —Ranma se desordenó el cabello con las dos manos—. Pero… pero…
—¿Qué puedo decir? Soy la mejor —comentó Akane mirándose las uñas de la mano derecha con mucha atención.
—Quiero la revancha —exigió Ranma apoyando la palma de la mano con fuerza en la mesa.
—Otro día —replicó su esposa con dulzura—, ya tengo que preparar la cena.
—¡No, no! —refunfuñó Ranma como un niño—. Pediremos que nos traigan la comida —dijo después rápidamente para convencerla.
—Bueno, pero… ¡Espera! ¿Es que no quieres que cocine? ¿Todavía tienes problemas con mi comida?
Akane frunció el ceño e hizo el ademán de levantarse, con el orgullo herido. Ranma, sin embargo, movió la mano por la mesa y atrapó la de su esposa antes de que ella se alejara. Era un agarre agradablemente cálido en esa noche fría de invierno.
—Sigamos jugando un poco más —dijo él despacio—, me gusta.
Akane lo miró. La lámpara que iluminaba con claridad la mesa, dejaba en una suave penumbra el rostro del hombre frente a ella, así que más que apreciarlo, medio imaginó su semblante. Ranma era pésimo para jugar shogi y hacía un buen rato que perdía sin remedio partida tras partida.
La mujer se sonrió sintiendo que su interior se llenaba de un calor placentero, ese mismo que aún la tomaba por sorpresa cada vez que su esposo hacía demostraciones de afecto como aquella, buscando excusas solo para pasar un momento con ella.
—Está bien, juguemos, Ranma —accedió con los ojos iluminados—. A mí también me gusta.
Volvieron a acomodar las fichas sobre el tablero y comenzaron una nueva partida. Afuera, el frío aumentaba a medida que la lluvia caía con más fuerza; sobre la mesa, Ranma continuaba reteniendo su mano.
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