MegaPhilX en pixiv
Get naked
(I got a plan)
—Alguien viene —susurró Akane.
Ranma también giró la cabeza, alertado por el sonido. Miró a un lugar y al otro y vio una pequeña puerta a un lado del mueble donde guardaban las cacerolas.
—Escondámonos ahí —dijo bajito y abrió la puerta y se metió.
—¡¿Qué?!
Akane no quería meterse. Ni siquiera sabía en verdad qué estaban haciendo en la cocina del Neko-Hanten en ese momento. Bueno, sí lo sabía, resulta que Cologne le había hablado a Ranma de una supuesta cura para la maldición, y que ella la tenía en su poder, y además no pensaba dársela, por supuesto, excepto que él se casara con Shampoo. Cosa que Ranma no pensaba hacer, por otra parte. Así que como supieron que Cologne tuvo que viajar a China con urgencia por algún asunto familiar o algo por el estilo, Ranma se había dado a la tarea de entrar al Neko-Hanten a buscar la supuesta cura. Y robarla, al parecer.
—Apúrate —la apremió Ranma y tiró de ella hacia el interior de la despensa, cerrando la puerta con cuidado después.
El lugar era demasiado pequeño para los dos, apenas podían estar uno junto al otro sin rozarse. Por suerte, la puerta tenía una pequeña rejilla de ventilación, lo que les servía no solo para no sentirse tan encerrados sino para ver un poco de lo que pasaba en la cocina.
—Deben ser Shampoo o Mousse —susurró muy bajito Ranma a su lado—. Cuando se vayan salimos y seguimos buscando.
Akane solo asintió.
¿Por qué rayos asentía? Ella no debería estar ahí en primer lugar. Cuando vio salir a Ranma del dojo y él le contó adónde iba, inmediatamente lo acompañó. Él no se opuso, le daba igual en realidad; y ella sin saber cómo estaba allí.
Bueno… sí sabía cómo. Ni loca dejaba que su prometido se metiera solo al restaurante chino sabiendo que Shampoo estaba ahí, ni aunque las intenciones de Ranma fueran de lo más puras. Las de Shampoo no lo eran.
Se escuchó un tarareo, que reconocieron como la voz de Shampoo, y luego un ruido de platos. Desde donde estaban no veían nada, pero escucharon cómo ella suspiraba luego de un día de trabajo agotador y por el sonido de las telas supusieron que se quitaba el delantal y lo dejaba con los platos.
Ella dijo algo en chino que no entendieron.
—Shampoo demasiado cansada —dijo después, al parecer hablando consigo misma.
La muchacha china entró en su campo visual en ese momento, la vieron andar por la cocina, ordenando algo aquí o allá. Akane temía mirar demasiado por las rendijas de la puerta por si ella llegaba a descubrirlos, pero al parecer desde afuera no era tan fácil ver hacia el interior de la despensa. Y después de todo nadie tenía por qué mirar hacia allí.
Shampoo, pasando la vista por la cocina revisando todo, detuvo la mirada en la despensa con un gesto de sorpresa. Después se acercó y el corazón de Akane comenzó a latir más rápido, se echó instintivamente hacia atrás para que no la viera, y notó que Ranma hizo lo mismo a su lado.
—Shampoo ser tonta, dejar puerta abierta. Si abuela enterar de esto…
Y le puso el seguro a la puerta.
Akane y Ranma escucharon el sonido casi como una sentencia de muerte. Más que escuchar, Akane vio, entre la penumbra, la boca de Ranma formando la palabra «mierda».
Escucharon otra voz en chino, y supusieron que era Mousse, aunque no lo veían. Shampoo giró la cabeza a su izquierda y al parecer respondió algo. Mousse le siguió la conversación y después ella sonrió murmurando unas palabras. Hablaban en su lengua natal.
Akane trató de moverse para ver más. ¿Se habrían equivocado? Tal vez no era Mousse. ¿Desde cuándo Shampoo le sonreía? O le dirigía la palabra siquiera.
—Sí… bisabuela no estar —susurró Sahmpoo en tono seductor.
Y Akane se moría de ganas por ver con quién hablaba, porque de seguro no era Mousse. Miró a Ranma para ver si él estaba igual de intrigado, pero solo parecía aburrido y con ganas de irse de ahí pronto para poder seguir buscando la famosa cura.
—Me encanta cuando hablas en japonés —dijo la voz masculina mucho más cerca.
¡Era Mousse! Akane observó con la boca abierta cómo se acercaba. Increíble. ¿Esos dos tenían algo entonces? ¿Acaso solo fingían frente a los demás?
Creyó ver que Shampoo se sonrojaba casi con pudor y se preguntó si estaría enamorada de él. Por un momento no le pareció tan descarada y suelta, le pareció simplemente una mujer enamorada y soñadora, rayando en lo cursi.
—Menos charla —dijo ella, como rogando—. Apresúrate.
Mousse apareció completamente en su campo visual colocándose por detrás de Shampoo y escucharon un fuerte ruido al él empujarla sobre la puerta. Hasta Ranma se sobresaltó entonces y quedó alerta. Shampoo tenía la vista frente a la rejilla, por suerte había cerrado los ojos, de lo contrario Akane estaba segura de que los habría descubierto.
—¡Ah! —gimió de pronto Shampoo.
Akane se sonrojó ante ese sonido tan particular.
—Así, así —decía, y la puerta crujía y golpeaba rítmicamente.
—¡Oh! Más, más. ¡Más!
Junto con los gritos de Shampoo también escuchaban los jadeos de Mousse y sus gruñidos a consecuencia del esfuerzo.
—¡Oh!... Sí, por favor… ¡Ah! ¡Ah!
Shampoo se retorcía y apretaba su generoso busto contra la puerta, que crujía y crujía como si fuera a romperse en cualquier momento.
Akane no daba crédito a lo que veía. Había pasado de la incredulidad a la vergüenza por ser testigo de ese acto tan íntimo y desinhibido. Ranma tampoco era inmune a tanta acción, con el rostro desencajado murmuraba sin palabras «¿qué diablos?», pero Akane tampoco podía responderle.
La puerta vibró. Akane rezaba a Kami-sama para que no se rompiera y los revelara justo ahí.
—¡Más! ¡Más rápido! —exigía Shampoo, y Mousse la complacía.
—¡Oh! —suspiró de pronto, los ojos cerrados y las mejillas encendidas—. Ahí no —rogó, queriendo decir «ahí sí»—, no, no, por favor. ¡Oh!... ¡Sí, sí, sí! No, no te detengas. ¡Más, más, más!
Los gritos de los dos amantes eran escandalosos, sus respiraciones entrecortadas. Se escuchaba el rítmico rechinar de la puerta y algo más, que parecían las uñas de Shampoo arañando la madera.
Segundos después ambos gritaron al unísono. Mousse profirió débilmente «Shampoo» y ella murmuró entre dientes algo que solo la pareja oculta en la despensa pudo escuchar.
—Ranma…
Akane palideció y después sintió su cara arder, no sabía si de furia o de vergüenza ajena. Más bien de esto último. Ranma estaba estático a su lado, no sabía lo que pasaba por su cabeza, pero su rostro estaba desencajado y el cabello se le enmarañaba alrededor de la cabeza.
De a poco, la respiración del par de amantes se calmaba. Akane solo quería que se alejaran, que fueran a un cuarto si lo necesitaban, pero que se fueran para poder huir de ese lugar.
Shampoo empujó a Mousse al suelo y se puso encima de él. Desde su posición Akane no veía la escena completa, pero se la imaginó, y poco a poco los escuchó gemir y moverse de nuevo.
¡¿Iban a seguir?! Akane se tapó el rostro con las manos, quería morir allí mismo.
—Oh, Ranma… Oh, Ranma…
Escuchaban murmurar a Shampoo, al principio suave, bajo, melódico. Luego más fuerte, al tiempo que subía la cúspide de su placer.
Akane se preguntó por un momento qué sentiría Mousse al escucharla pronunciar ese nombre con tanto regocijo y placer. ¿O tal vez no la escuchaba, o no quería escucharla? ¿O no le importaba? Sintió pena por él, pero el muchacho parecía de lo más gozoso.
—¡Oh, sí, sí! ¡Ah, ah, ah!
Shampoo gritaba como si la estuvieran apuñalando. Akane rogaba a todos los dioses conocidos que ya pararan.
Shampoo dijo algo en chino, que no entendieron, por supuesto. Luego repitió una misma palabra, una y otra vez, hasta gritarla por último al caer rendida encima de Mousse.
Pasaron varios minutos en que no se escuchó más que el sonido de las respiraciones y las risitas de Shampoo, quizá Mousse la acariciaba o la besaba. La vieron moverse de pronto, echando la cabeza atrás, haciendo ondear su largo cabello al tiempo que se convulsionaba, y mientras tanto murmuraba palabras sin sentido.
—Solo airen… Ranma… solo… airen… tocarme… tocarme… ¡aiya! ah, así…
Remató con una frase en chino, y la réplica de Mousse también fue en ese idioma.
Akane se sintió peor aún, comprendiendo lo que debía estar pasando Ranma en aquel momento, y también deseaba salir para poder darle privacidad, para no ser testigo de aquella vergüenza.
Pasaron minutos que parecieron durar siglos, Akane se impacientaba.
—Sigamos —ordenó Shampoo.
¿De dónde sacaban tanta energía?, se preguntó Akane sin creérselo. ¿Sería siempre así? Ella no tenía ni idea, y comenzó a sopesarlo concienzudamente.
—Ahora convertir en pato —dijo Shampoo.
Al instante se escuchó la salpicadura del agua.
¿Pato? ¿Cuál pato? ¿Cómo que pato?... ¿Qué le iba a hacer Shampoo a ese pobre pato? Akane sintió que el cuerpo se le helaba.
Escucharon el parpeo del pato Mousse. Shampoo se tendió en el suelo, de modo que ya no la veían por el ángulo de las rendijas, pero escucharon nuevas risitas y sus palabras en chino, en un tono sugerente y seductor.
¿Realmente…? ¿Realmente ella y el pato…? Akane no podía verse a sí misma, pero juraba que estaba pálida, se le enfriaron las manos como si estuviera asistiendo a alguna escena horrible de una película de terror. Se llevó un puño a la boca para no gritar o hacer algún ruido que revelara su presencia allí. Aunque tal vez esos dos ni se daban cuenta; estaban tan ensimismados en lo suyo que ni aunque cayera otra bomba atómica se separarían.
Shampoo seguía gimiendo y llamando el nombre de Ranma. Akane sentía que el estómago comenzaba a revolvérsele, y de pronto sintió la mano de su prometido apretando con delicadeza la suya. Ella se volteó a mirarlo y lo vio como nunca antes, los ojos hundidos por el miedo, la cara demacrada; hasta parecía que se estaba poniendo verde.
Ella le devolvió el apretón y retuvo su mano, sosteniéndolo cuanto podía en silencio.
Shampoo gozaba una y otra vez jugando con el pico de aquel pobre pato, que se prestaba para todo el asunto. Sus gritos y gemidos eran ya casi insoportables.
—Lengua, lengua —exigió como enfurecida, demasiado excitada para detenerse a pensar en nada. Cuando se la atendió como quería soltó un grito agudo, casi un aullido—. Ranma… ¡Ranma ser mío!...
La mano de Ranma tembló de pavor en la de Akane descontroladamente.
—Más… ¡Más adentro!...
Ahogó un gemido. Después soltó un suspiro tan profundo que Akane creyó que era el último, el de la muerte.
Pasaron segundos muy largos. No se percibía ningún movimiento a través de la rendija de la puerta y no había ningún sonido. Akane, sin darse cuenta, retenía la respiración.
Al final, Shampoo volvió a hablar, en ese japonés que no dominaba muy bien.
—Pato servir bien —comentó con aprobación. Se escucharon las alas del animal agitándose—. No, no poder transformar aún.
Shampoo apareció de pie ante ellos, pero no de frente, ni siquiera miraba hacia la puerta, solo lo hacía hablándole al pato blanco que tenía entre los brazos.
—Noche ser joven.
Soltó una risita que espantó a Akane y, gracias a Kami-sama poderoso que gobierna sobre todos y todas las cosas del universo, salió de la cocina dirigiéndose a otra parte de la casa.
Pasaron un par de minutos más, Akane no se atrevía ni a respirar por si ella volvía y tenían que presenciar otro espectáculo.
Ranma actuó. Con un poco de presión forzó la puerta haciendo saltar el seguro, y salió, llevando de la mano a Akane.
Olvidándose de la posible cura y hasta de que tenía una maldición caminó; no recordaba ni por qué había salido en primer lugar, solo quería regresar al dojo Tendo y olvidar todo cuanto antes.
Nunca podría mirar a los patos de la misma manera.


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