Te escribiré un poema breve
que sea una bocanada de aire, como un beso
que roza los labios.
Que se parezca a una gota de lluvia
que te haga feliz un instante.
Te escribiré un poema largo
que sirva para arroparte en el frío y se
despliegue,
protector, para hacerte sombra en el
verano.
Te escribiré cien páginas para divertirte y
hacerte pasar el tiempo.
Te escribiré mil para que no me extrañes si
en algún momento estoy lejos.
Te escribiré un poema largo que sea tu
refugio en los malos días,
blando y mullido como una almohada.
Cálido y chispeante, que sea tu fuego en la
chimenea.
La extensa sábana que absorberá tus
lágrimas.
Te escribiré un poema largo,
tan largo que tenga un verso nuevo cada día
como flores nuevas nacen en el jardín,
tan largo para que nunca te aburras de
leerlo.
Pero también
te escribiré un poema breve
uno que tantos han repetido que parece que
no fuera mío.
Pero yo te escribí este poema breve que
dice «te quiero».
Y para que sea mío
—y no parezca repetido—
mi poema breve dice después «mi niño».


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